Por @beatrizpalmero
Me levanto esta mañana con la noticia de que Marc Crosas deja la isla y regresa a México sin que hayamos intuido si quiera el fútbol que hay en sus botas. Sus pocas actuaciones, la mayoría inserto en el discutido trivote, no han ofrecido el nivel que se le supone. No deja de resultar curioso el hecho de que, temporada tras temporada, no cuajen aquellos futbolistas que llegan en verano con la etiqueta de jugadores de calidad y acaben saliendo en invierno sin haber gozado de continuidad.
Y siempre queda el mismo interrogante sin respuesta: ¿falta de rendimiento del jugador o falta de confianza del entrenador? Y siempre me acabo respondiendo lo mismo, parte y parte. Está claro que Marc Crosas, que además venía de recuperarse de una grave lesión, no ha deslumbrado en sus actuaciones. Pero, como apuntábamos, de sus nueve partidos de titular, sólo en uno lo hizo sin estar inmerso en el trivote, y tampoco brilló en él.
Claro que es difícil destacar en la única oportunidad que te da el entrenador de liderar el mediocentro. A nadie se le escapa la predilección de Martí por la dupla Aitor-Vitolo, e, incluso, ha puesto por delante a Alberto como centrocampista por delante del catalán. Y esa lista de preferencias no genera, precisamente, confianza. La falta de continuidad, tampoco. Así que entiendo perfectamente por qué Marc Crosas, ante la oportunidad de tener más minutos y ser importante en otro equipo no lo haya dudado ni un segundo.
Y lo cierto es que nos llenamos la boca diciendo que hace falta un medio creativo, pero, si llega, tal vez no tenga encaje en un equipo donde Martí tiene muy claras sus preferencias como mediocentro. Aitor Sanz y Vitolo son dos pesos pesados en el vestuario y a cualquiera les costará sentarlos. Si, además, ese cualquiera llega con la vitola de jugador de calidad, le costará aún más.
Porque, no nos engañemos, parece que a los jugadores de calidad les cuesta encontrar encaje en el Tenerife. Le pasó a Uli Dávila con Álvaro Cervera, aunque entonces señalamos a la austeridad del fútbol que practicaba el Tenerife con el ahora técnico del Cádiz. Pero también le pasó a Tommy Martínez con Raúl Agné y con el propio Martí, técnicos que presumían de querer el balón para practicar fútbol ofensivo. Y aquí nos empeñamos en señalar a la secretaría técnica pero, en estos casos, creo que el problema es más deportivo que otra cosa. La pregunta que nos debemos hacer es qué pasa para que a los jugadores de calidad les cueste hacerse con la confianza del entrenador y brillar en un equipo que parece demasiado compacto para cambiar de estilo. Y si la presión que rodea al Tenerife es la adecuada para que los jugadores puedan desenvolverse con naturalidad, porque tenemos incluso casos de futbolistas que llegan tras hacer una buena temporada y luego protagonizan una decepción. Quizá debemos preguntarle a Aarón Ñíguez cuál es el secreto y profundizar en sus particulares circunstancias para no repetir patrón. Desperdiciar el talento nunca es una buena noticia.