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Desilusión

Redacción Deporpress| Llevarse un chasco con el Tenerife no es ya ninguna sorpresa para los seguidores blanquiazules. Es, por desgracia, la tónica habitual de las últimas temporadas. Mal inicio de temporada, cese de técnico, amago de remontada y un tramo final sin ningún aliciente más que cumplir el expediente. El mantra se repite en los últimos años. Lo que debería ser solo una excepción se ha hecho norma. Y cansa.

El fútbol que propone el Tenerife también. Es evidente que, cuando Ramis llegó al Heliodoro, lo hizo con la intención de salvar al equipo de un abismo que amenazaba con devorarlo. Hay que agradecerle al técnico que tocase la tecla adecuada para ganar puntos y para salir de una situación clasificatoria que barruntaba desastre.

Lo hizo primando al colectivo por encima de todas las cosas. Convirtiendo a un equipo que regalaba en cada partido en otro que era capaz de ser competitivo. Que rentabilizaba sus ocasiones amparado en una fortaleza defensiva que aburría a los rivales. No había para jugar diferente porque todos hemos comprobado que, cuando el Tenerife se expone, también suele terminar perdiendo.

Por eso ahora tampoco hay que rasgarse las vestiduras. No se puede jugar de otra manera que de esta. Porque, si lo haces, volverías a los tiempos de Fran Fernández y serías un equipo que pierde más que gana. Los errores defensivos que se habían minimizado durante los dos últimos meses aparecen ahora en cada partido. Un día falla Juana. Y otro su hermana.

Y mientras eso ocurre, la sangría de puntos ocasionada por los errores no forzados, como ante Las Palmas o como en Las Gaunas, supone despedirse, desde abril, de cualquier ilusión superior a sobrevivir en la categoría. La realidad es evidente. Y, por desgracia para el sufrido seguidor blanquiazul, se repite otro año más. La pregunta del millón es hasta cuándo habrá que seguir aguantando esto.

Un equipo tan limitado como este, en todos los aspectos, no puede aspirar a poco más que a estar donde está. Porque para ganar un partido hay que hacer un esfuerzo equivalente a la alineación pluscuamperfecta de los astros y porque, desde que falla una variable en esa complicada ecuación, el tinglado se desmorona. Sabemos de sobra que si, como hoy, el rival se adelanta en el marcador hay ya poco que hacer. Y, de igual manera, cuando echas un vistazo a la estadística y compruebas que encajas gol en seis de tus últimos siete partidos.

Es lo que ocurre cuando careces de un líder natural sobre el terreno de juego. Cuando para ser titular en determinadas demarcaciones vale únicamente con esforzarse. Es lo que sucede después de hacer una plantilla casi nueva cada verano y en la que, al final, acaban jugando de inicio los mismos de siempre. Los fichajes de Cordero, salvo honrosas excepciones, no han aportado prácticamente nada. Y, obviamente, ninguno de ellos da para soñar con poco más que acostumbrarse a vivir en mitad de la tabla.

Al seguidor del Tenerife le aguarda una larga penitencia hasta que concluya el campeonato. Porque, por desgracia, esta plantilla da para poco más que conseguir 50 puntos. Plantear algo superior a eso es una quimera. El modelo futbolístico que ha implantado Ramis solo se sostiene si hay resultados. Cuando estos no aparecen, como pasa últimamente, sentarse ante el televisor es un ejercicio de patriotismo blanquiazul al alcance de cada vez menos seguidores estoicos.

Hay que ser muy del Tenerife para ver un partido del Tenerife cuando, como casi siempre, el equipo que lleva un siglo sin ganar lo hace justo cuando lo visitas. Para comprobar, una y otra vez, las infinitas dificultades que tienen estos futbolistas para hilvanar alguna jugada. Y, sobre todo, para intentar encontrar algo positivo a lo que aferrarse, año tras año, entre tanto desierto de desilusión.