Redacción Deporpress | El valor más preciado del tinerfeñismo repite la misma palabra: desgaste. El CD Tenerife se empeña un año más en ser fiel a su tradición, con una regularidad tan deficiente que asusta. Porque la película se repite una y otra vez. Cada año, más de lo mismo: ilusiones renovadas, arranque desesperanzador, búsqueda de culpables, cabezas que ruedan y un fin de año –de nuevo- para olvidar.
No sería un agravante expresar que el partido contra el Real Oviedo quedó completamente alterado con una expulsión rigurosa, pero evitable. Más allá de las polémicas, el equipo siempre se encuentra con una acción que rompe todo su esquema: un error grosero individual, una decisión arbitral o cualquier otro detonante. Hoy, volvió a ser fiel a su tradición para dispararse en el pie a las primeras de cambio, firmando otro récord negativo con una expulsión histórica por tempranera.
Porque, a falta de una cita para despedir el 2020, el Tenerife se encuentra con Ramis en una tesitura parecida a la de hace un año con el ‘Pipo’ Baraja en Riazor. Un equipo excesivamente frágil, sin argumentos y que hace aguas en todas sus líneas. Ni siquiera cuando se dio el peor escenario y se firmó la épica con el empate de Carlos Ruiz, el bloque fue incapaz de amarrar ni un solo minuto la igualada para crecer en el devenir y jugar con las urgencias del Oviedo.
Porque, en esta ocasión, el desastre defensivo vino potenciado por la desconexión tras la expulsión y, posteriormente, en unos centros laterales que se convirtieron en la guillotina de los palos defendidos por Dani Hernández; y no podemos tirar de omisión ante la inoperancia ofensiva en la presencia azulona en área contraria, donde el Tenerife terminó poniendo la alfombra roja a los jugadores de ataque asturianos para que se llevasen el máximo premio de la noche.
Y lo que es peor: la clasificación se rompe. Los insulares ya se sitúan a cinco puntos del 15º clasificado, una UD Las Palmas que tiene un partido menos. Además, en caso de que Alcorcón, Sabadell y Castellón ganen sus partidos, el Tenerife entraría en la quema del descenso. Una posibilidad remota, pero real y que argumenta la crisis blanquiazul en la antesala del cierre de este 2020. Mucho que mejorar si quiere salvarse el billete en el fútbol profesional; y más le vale al volcán que Ramis encuentre la varita mágica –con ayuda de Cordero- para darle la vuelta a la tortilla en la segunda vuelta. No queda otra.