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Desenfocado

Por @rondoscutillas

El Tenerife cerró 2018 con otro empate. Rescató un punto sobre la bocina contra el Granada (1-1) y nos regaló un epílogo desenfrenado, coronado con un empate agónico ante el líder de Segunda. El choque fue un perfecto resumen de lo que han sido los blanquiazules este curso. Regalaron un gol tempranero, que los hizo tener que remar contracorriente, y convirtieron el resto de la cita en un quiero y no puedo hasta que Joao Rodríguez, uno de los pocos que aún tiene una marcha más que los demás, rubricó la igualada en una arrancada plena de potencia.

El mercado de invierno abre una nueva perspectiva para la esperanza. Al menos para corregir ciertos desajustes en la plantilla, especialmente en la parcela defensiva, y para dotar a este grupo de un mayor músculo competitivo del que ha exhibido hasta el momento. Obviamente aquí no hay fórmulas magistrales. Ni varitas mágicas. Y cualquier parecido de Víctor Moreno con Harry Potter se antoja bastante estridente. Especialmente porque la situación deportiva con la que se encuentra a su llegada no es la más recomendable para intentar construir algo que pueda ir más allá de las urgencias de abandonar la zona delicada de la clasificación.

Enero, no obstante, no ha sido un mal banco pesquero para el Tenerife. Los blanquiazules han aprovechado ese recurso para enrolar en sus filas a jugadores tan válidos como Luis Milla o Gaku Shibasaki, por poner apenas un par de ejemplos de futbolistas que dieron el deseado salto de calidad que se pretende al recurrir a este tipo de mercado. El primero fue una apuesta de cómo incorporar algo que no tienes, previo desembolso de 500.000 euros, para que el grupo sea más competitivo y, además, tengas a un activo en propiedad cuyo valor se ha multiplicado apenas un año después. Lo del japonés fue una de esas oportunidades que surgen a última hora tras haberlo descartado la UD Las Palmas para jugar en Primera el mismo día 31 y de que los blanquiazules apostasen por él pese a las dificultades que tuvo para adaptarse.

También habrá que estar atentos a lo que suceda con la oferta del FC Dallas. Que no trasciendan datos de la operación a la opinión pública no es sinónimo de inmovilismo. Cuando a un jugador, o a su agente, le pones delante una oferta que triplica su salario actual, las operaciones no se diluyen tan fácilmente.

El año también se cierra con una buena noticia a nivel institucional. La de la adjudicación de la obra de la Ciudad Deportiva Javier Pérez, donde el Cabildo de Tenerife y el propio club invertirán algo más de 11 millones de euros. Servirán, sobre todo, para dar carácter definitivo a un proyecto que lleva más tiempo del deseable viviendo con las incomodidades de la provisionalidad que suponen tener campos de fútbol, iluminación artificial y poco más.

Espero que, cuando se concluya, el Tenerife tenga claro qué quiere ser. Y, sobre todo, cómo conseguirlo. Pocos dudamos de la mentalidad de los que lo gobiernan de militar nuevamente en Primera. Pero ese objetivo no puede ser fruto de la casualidad o de que, una temporada, se logre armar un equipo realmente competitivo. Sobre todo porque sería pan para hoy y hambre para mañana.

El futuro, que puede comenzar perfectamente en 2019 con la llegada del nuevo director deportivo, debe cimentarse sobre las raíces de una identidad futbolística del gusto del aficionado blanquiazul. Oltra sabe de sobra el fútbol que gusta en el Heliodoro. Y, por encima de esa idea, debe haber un equipo profesional bien estructurado. Con gente de fútbol que tenga tiempo para hacer un proyecto serio y sólido.

La Ciudad Deportiva Javier Pérez debe convertirse en la universidad blanquiazul de nuestros futbolistas. El centro de referencia de las decenas de colegios e institutos de césped artificial que existen en toda la geografía de la isla. Y la institución debe estar a la altura y aprovechar esta magnífica oportunidad para apostar, de una vez por todas, por un modelo que suponga el abastecimiento regular de la primera plantilla con el talento, que lo hay, de la producción propia.

Para eso, Víctor Moreno, de común acuerdo con los técnicos de la base y el entrenador del primer equipo, debe ir creando los puentes necesarios para cualquiera que, en la demarcación que sea, tenga opciones reales de ser una referencia. Eso implica una configuración adecuada de la plantilla y un entrenador que, realmente, crea en esta filosofía tanto como en cualquier sistema futbolístico que aplique en su pizarra. Y todo esto debe hacerse de manera planificada. A medio plazo y sin prisas.

Nada de eso se producirá tampoco si no existe sintonía absoluta, respeto inamovible y comunicación fluida entre todos los estamentos de la parcela deportiva. Y paciencia. Muchísima paciencia. El reto es colosal. Pero la entidad debe demostrar ahora, con hechos y no con gestos, que cree en la cantera como base principal de su idiosincrasia. Lo contrario solo sería seguir lanzando la moneda al aire, temporada tras temporada, y arriesgarnos a que el que decida confeccionar la plantilla no viva demasiado desenfocado.