Por @PatriciaRLosada
Tras dos semanas de encierro, todo se ve con más resignación y realismo que al principio. Cuando este sábado pase y concluya el periodo de confinamiento anunciado inicialmente con el estado de alarma, comenzará otro (y probablemente no último) que nos mantendrá en casa, al menos, hasta el 11 de abril.
Madrid sigue siendo el peor foco de coronavirus del país, y eso, en la vida diaria de los que residimos aquí pero podemos permitirnos “el lujo” de teletrabajar, apenas se nota. Mi cuarentena está siendo prácticamente igual que la de cualquier canario que se encuentre ahora en las Islas. Con unos grados menos, sin tantas horas de sol y sin el privilegio del balcón/terraza que allí solemos tener, vivo, al igual que todos, encerrada en casa.
En cambio, a falta de unos días para que se alcance el pico de contagios por coronavirus y comience a estabilizarse la curva, así parecen indicarlo los datos, la situación es mucho más grave que hace 14 días. Con más fallecidos que Wuhan, epicentro de la pandemia, y solo por de detrás de Italia, España es el segundo estado donde más víctimas se ha cobrado el COVID-19. La mayoría de ellas, en la capital.
Gran Vía o Sol han dejado de ser los sitios más mencionados en Madrid para ceder su lugar a Ifema, que cambia temporalmente las ferias y exposiciones por un hospital de campaña, o el Palacio de Hielo, que ha convertido su pista de patinaje en morgue. Entretanto, la presidenta de la Comunidad reconoce ahora que es “complicado” traer material sanitario de China: “un mercado persa” y país desde el cual llegó el virus como llegan “las gomas del pelo”.
Las críticas a las gestiones gubernamentales dan para mucho, pero creo que el momento adecuado para análisis será cuando pase esta crisis sanitaria.
No es fácil llevar una cuarentena que parece irse ampliando a plazos de forma indefinida. Sin embargo, no somos los únicos que estamos pasando por una circunstancia similar: aproximadamente un tercio de los habitantes del mundo viven confinados ahora mismo. El objetivo, detener una epidemia que acumula ya casi medio millón de casos en total en unos 180 países.
Aun así, no faltan quienes aprovechan para darse una escapada al supermercado a por dos cosas y volver a salir al día siguiente a por otras dos, o quienes, con la excusa de tirar la basura, se dan una vuelta por el barrio. El ingenio se agudiza en algunas mentes inconscientes que confunden picardía con irresponsabilidad.
Cada uno, en su confinamiento, se queja de su situación personal y de lo duro que se hace no poder salir de casa. Sin embargo, en Madrid es peor. No solo es que todos hayamos estado en contacto con gente que posteriormente ha dado positivo en las pruebas, que también, sino que casi todos conocemos a alguien que ya ha perdido a un familiar cercano por coronavirus, y, lo más cruel, ni siquiera han tenido la oportunidad de despedirse.
Mientras, otros seguimos “en el exilio”, pegados al teléfono móvil y haciendo más uso de las videollamadas que nunca. Esperando que pasen los días. Sabiendo los pocos vuelos que hay a Canarias y que solo cogeríamos con una causa justificada que no tenemos. Deseando que el virus se aleje de las personas que queremos, porque, ni aún sucedido lo peor, podríamos estar allí.