Por @rondoscutillas
La comparecencia de Alfonso Serrano no produjo estridencias. Salió a la sala de Prensa del Heliodoro. Dio los mensajes que tocaban desde una perspectiva deportiva y de club. Hizo autocrítica mirando a la temporada que acaba de concluir. Y aportó datos a cuentagotas sobre el futuro sin desvelar grandes secretos.
El director deportivo del Tenerife aparcó el apocalíptico mensaje que lanzó el pasado año cuando el Getafe dejó a los blanquiazules sin ascenso y, esta vez, optó por una comunicación menos tangible y algo más enigmática. Sin nada definitivo.
El baño de realidad de junio de 2017, cuando el equipo se quedó sin la casi totalidad de los argumentos ofensivos que lo habían llevado a jugar el playoff, ha sido sustituido ahora por una sensación de solidez amparada en la teórica continuidad, a día de hoy, del ‘once tipo’ con el que Etxeberria acabó el curso. Eso sí, sin Longo, Casadesús y Mula. Y con la baja de Vitolo, pese a que fue renovado por el propio Serrano el pasado mes de octubre, por razones deportivas.
Llegados a este punto previo a la confección de la plantilla que defenderá la camiseta del club en la temporada 18/19, he hecho una lista de cosas que me gustaría ver materializadas cuando comience la próxima Liga. Me parece bien que, desde ya, se suprima la temeraria etiqueta de favorito o candidato a pelear por el ascenso pero, a cambio, exijo que no se renuncie a nada semana a semana.
También espero que, de una vez por todas, se destierre el pensamiento erróneo de que este escudo gana partidos porque hace ya más de dos décadas el Tenerife tuvo peso específico en Primera y en Europa. De aquel glorioso pasado solo quedan unos recuerdos muy bonitos y una nostalgia de todo lo que pudo ser y nunca fue.
Si el grupo que se conforme en agosto se aplica en esta tarea y es capaz de subir la dosis de humildad respecto al que empezó el último campeonato, estoy convencido de que no se repetirán los ridículos protagonizados en buena parte de la temporada que acaba de concluir. Especialmente fuera de casa, con aquel Tenerife previsible y plomizo que no le ganaba a casi nadie de los de abajo y que, además, estuvo a años luz de los auténticos dominadores de la categoría.
Es cierto que, por ahora, hay una base de garantías sobre la que edificar el próximo proyecto. Y, al no haber alcanzado el playoff, también existe menos ansiedad por repetir lo realizado la temporada anterior. Buena parte de lo que suceda en el futuro perfecto que queremos para el Tenerife dependerá del acierto de Serrano a la hora de elegir los refuerzos para las áreas, que es donde se marcan las diferencias en esta categoría. Si fracasa en la elección de los dos delanteros y reincide en su apuesta de dar continuidad a una de las defensas más vulnerables de Segunda, habrá poco con lo que soñar.
Quedan muchas semanas por delante y, como cada verano, desde hoy se abre una etapa con más incertidumbre que certezas. Pase lo que pase, el Tenerife competirá en una especie de Primera B con al menos una docena de equipos que, con mayores o menores urgencias, pelearán por el objetivo común del ascenso. Será divertido ver cómo encaja este Tenerife en una Liga en la que medirá sus fuerzas con nada menos que la UD Las Palmas, Deportivo, Málaga, Sporting, Zaragoza, Valladolid o Numancia, Oviedo, Osasuna, Cádiz, Granada, Córdoba y Mallorca. Sin duda, estamos ante una Liga muy potente y competitiva porque esta Segunda es, con diferencia, absolutamente descomunal.