Por @pabloalbelo
Para Raúl Agné, su llegada al CD Tenerife ha sido como la de comenzar una partida a un videojuego. El objetivo, como en todos, es ir superando etapas y pasando pruebas en pos del objetivo final. En este caso, la salvación. El problema radica en que la partida de Raúl Agné ya estaba empezada. Álvaro Cervera la había empezado y Concepción la había puesto en Pause, a la espera de la llegada del nuevo entrenador. Cuando el de Mequinenza cogió el joystick, todavía quedaban secretos por descubrir e hitos por desbloquear. Para empezar, la partida había que arrancarla con el protagonista colgando de un precipicio y al que había que sacar de ahí casi a cualquier precio. Y lo consiguió, aunque perdió la primera vida en casa ante el Girona, lo consiguió.
Después, tuvo que llevar al prota de nuestro videojuego a enfrentarse al demonio de Miranda, un equipo fuerte en su casa pero que habita unas tierras nada propicias para un jugador de clima cálido como nuestro héroe virtual. El camino no sería sencillo, ya que luego tuvo que conseguir la primera victoria desde que reanudó el juego y lo consiguió ante otro de los villanos más fuertes de la categoría. Y quedaba el más difícil todavía. La princesa había sido secuestrada por unos ogros amarillos que la retenían en el cementerio de San Lázaro, junto al Estadio de Siete Palmas. Nuestro héroe también se hizo con el reto de salvar a la princesa. Ahora, tras vencer al Leganés, queda por desbloquear un último hito: ganar fuera de casa. No será fácil y, de conseguirlo, no habrá terminado Raúl Agné la partida, pero se habrá ganado muchos puntos de cara a estar en la siguiente edición del videojuego «CD Tenerife».