Cristo Donate | «La gente se puede sorprender porque el Numancia nos puede quitar la posesión del balón». Lo avisaba José Luis Oltra en la rueda de prensa previa al encuentro y así sucedió.
El equipo de López Garai superó al Tenerife desde el minuto 1 al 90. Tanto, que el equipo local terminó por parecer uno de esos equipos que pasan por el Heliodoro buscando el pitido final desde que arranca el encuentro.
No sentó bien a los blanquiazules el parón por el partido ante el Reus, ya que en ningún momento se vio al equipo con el ritmo suficiente para superar al rival que tenían enfrente. Un rival, por cierto, al que hay que poner en estima porque hay que ser valiente para, siendo uno de los peores visitantes de la categoría, llegar a uno de los estadios más difíciles de la competición y dominar el partido de principio a fin.
El Numancia despojó al Tenerife de su mejor arma: la posesión. Sin ella, los locales eran un equipo irreconocible que no conseguía robar la pelota donde quería y que se sostenía gracias a la buena defensa del área de Carlos Ruiz y a las paradas de Dani Hernández. Dos futbolistas, curiosamente, que parecen encontrarse más cómodos cuando el rival está cerca de su área que cuando se encuentra a 50 metros.
Sin balón, el trío que hace funcionar al Tenerife (Milla-Racic-Lasso) estaba perdido. Acostumbrados a dominar al rival y marcar los tempos del partido, tuvieron que vivir 90 minutos a merced del contrario. Y ahí estuvo la clave del encuentro. Porque sin balón, y con un equipo preparado para tenerlo, el equipo de Oltra no tuvo ninguna amenaza al contragolpe.
Se echó de menos algún golpe de timón del técnico valenciano que cambiara el rumbo del partido y entregara a sus pupilos armas para conseguir hacer daño en transición. Pero, o no lo supo leer, o los futbolistas no supieron interpretarlo, o quizás, simplemente, el rival era mejor. Los cambios no mejoraron a un Tenerife que se limitó a defender la ventaja que se había encontrado en un gol olímpico de Luis Milla y que finalmente se le esfumó en un cabezazo de Higinio.
Empate inmerecido para el Numancia, porque mereció ganar y generó ocasiones para ello. Honor a Dani Hernández que hizo el mejor partido de la temporada en uno de los momentos más difíciles de su carrera. Frustración para una afición que necesita que esta temporada acabe lo ante posible.