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Derecho a soñar (27-3-14)

@juanjo_ramos

Quedan 11 jornadas de Liga y el Tenerife está a dos pasos del objetivo fijado en agosto, que parecía imposible en octubre y que nos sabe a poco en marzo. Así es el fútbol. Y como los sueños se renuevan, defiendo el derecho a pensar en el play off desde que se pueda. A no conformarnos. Sería un crimen no intentarlo.

No debe ser una obligación, pero sí un desafío jugar las eliminatorias de ascenso. Y confío en este grupo, noble y sacrificado, para lograrlo. Es verdad que se encontrará en el camino con un calendario adverso (debe visitar a cuatro de los seis equipos que tiene por delante), con rivales directos que cuentan con presupuestos muy superiores y apretados por su necesidad (Mallorca) y a sus propias limitaciones. Pero… ¿Quién dijo miedo?

Este club se saltó esas normas en un montón de ocasiones durante la década de los 90. Por eso, se nos ponen los pelos de punta recordando estos días aquella dramática visita a Riazor, en la que salvó la categoría gracias a un gol de Eduardo Ramos. O la semana pasada en el decimoséptimo aniversario del gol de Antonio Mata en Dinamarca que clasificó a los blanquiazules para las semifinales de la Copa de la UEFA.

Por alguna extraña razón, con esto de las promociones que ha puesto en marcha la entidad insular para mejorar la afluencia al Heliodoro, recordamos también aquellas castañuelas que se repartieron con motivo de la visita del Celta, en las semifinales de la Copa del Rey. Todos aquellos logros, que parecen ahora tan lejanos, marcan el espíritu inconformista y soñador que debe guiar ahora al Tenerife.

Nadie le reprochará nada a Álvaro Cervera y sus chicos si no se logra. Pero… ¿Y si lo consiguen? En estos tiempos de angustia por la interminable crisis económica, que unos chicos que corren en pantalón corto detrás de un balón (típica definición de un no aficionado al fútbol) nos den una alegría cada semana es de agradecer. Por muy banal que resulte este deporte, vale la pena solo por conseguir eso que tanto han recortado los políticos: las sonrisas. ¿O no se fueron a casa con una después de la goleada a la Ponferradina?