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Demagogia (6-7-15), por @RondosCutillas

Hablar de cantera en Tenerife es ofrecer barra libre a múltiples puntos de vista. Como seguidor de fútbol, creo que no hay mayor satisfacción que ver cómo alguien que llega a un club siendo apenas un niño, crece hasta debutar con el primer equipo y logra convertirse en figura y luego en leyenda. Esa ilusión, por desgracia, se cumple ya muy pocas veces. Y supongo que cada vez será más noticia por lo inusual del fenómeno.

Sobre todo en una isla como esta, plagada de depredadores a los que alimentan don entorno y doña redes sociales, ayudados en su labor zapadora por representantes, periodistas, padres, familiares y amigos. Todos ellos, retroalimentándose unos a otros, cumplen con la nociva misión de regalar los oídos a un joven a diario para que su ego se multiplique por encima del esfuerzo con el que debería entrenarse si, algún día, quiere ser ‘alguien’ en el fútbol.

Y ese ego, al menos en esta isla, suele crecer más fácil y más rápido que el talento que ese adolescente ha mostrado para jugar a este deporte. De ahí la cantidad de ‘juguetes rotos’ que iban para figuras con 16 o 18 años y que, luego, se quedaron en casi nada a la hora de la verdad. Vivimos en la tierra perfecta para inocular ese virus en canteranos que, mareados por todos, deciden abandonar el Tenerife. Hacen la maleta para resolverse la vida en uno de los denominados ‘grandes’ impulsados, casi siempre, por un bucanero de los despachos que emplea todos los resquicios legales para lograr su propósito sin dejar un euro en las arcas del club que sí dedicó recursos a la formación de ese proyecto de jugador.

Verano tras verano, compruebo el doble rasero con el que se habla en esta isla de la cantera. Si un chico se marcha en busca de un futuro mejor, todo perfecto. Les dicen que están en su derecho y que aquí jamás llegarán a nada. Carlos Abad y Cristo González, por ejemplo, no suman aún, entre los dos, más de 15 partidos en el fútbol profesional. Pero resulta que, en ese gran mentidero llamado Twitter, el Madrid ya ha querido fichar este mismo verano a ambos. Casi nada. La estadística, en cambio, nos recuerda que solo tres futbolistas de aquí han pisado ese escenario idílico de triunfar en un ‘grande’ durante los últimos 30 años: Sandro, en el Real Madrid; Pedro, en el Barça; y Jeffren, como suplente eso sí, también como azulgrana.

Estos días también fue noticia que varios canteranos que debutaron hace años con la camiseta del primer equipo del Tenerife sin demasiada suerte (Germán Sáenz, Jesús Álvaro y Ayoze Placeres) se van de Las Palmas B a varios equipos peninsulares de Segunda B. Al leerlo he recordado las críticas que, entonces, se llevó el representativo por no renovarlos bajo el pretexto del “aquí no nos valen y a la UD Las Palmas, sí”. Pues bien, la realidad es que los tres se pasaron dos temporadas en el filial amarillo y no jugaron ni un minuto con el primer equipo.

Por eso estoy cansado de que se aplauda con las orejas a cualquier canterano que se marcha del club embarcado en la goleta pirata del representante de turno para triunfar en un ‘grande’. Y que los mismos que hacen eso critiquen luego con saña al Tenerife por no renovar a otros a los que había que hacer profesionales sí o sí, simplemente porque eran de aquí más que por su nivel futbolístico objetivo. Este club, como todos, acierta y se equivoca cuando decide el futuro de chicos que llevan cinco, ocho o diez años en los filiales. Decir tú sigues o tú te vas jamás es sencillo. Y, desde luego, resulta una heroicidad hacerlo sabiendo de antemano que, decidas lo que decidas, pasarás más pronto que tarde por la guillotina de la demagogia.