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Déjame sitio que voy

Por @MaverickGold

Cuando al seguidor –abonado, accionista, o simple aficionado-, del CD Tenerife se le pregunta por el futuro del club blanquiazul, en un amplio porcentaje de razonamientos aborda la parte deportiva, con las ilusiones intactas para meter la cabeza entre los seis primeros de la Liga. Pocos son los que derivan el hilo argumental hacia la carrera por relevar a Miguel Concepción en el órgano de gobierno de la entidad. Eso claro, si el mandatario palmero se deja relevar, ahora que uno de los pesos pesados del ámbito empresarial tinerfeño, y poseedor de una ingente cantidad de acciones de la SAD tinerfeñista, Amid Achi, apunta en la dirección de una prolongación del mandato de Concepción con el cetro de máximo jerarca del Club Deportivo Tenerife.

Achi es un hombre muy influyente en la sociedad canaria, y con buenas relaciones con la alta esfera política insular y regional. Su habitual preocupación por el Tenerife se ha dejado ver en bastantes ocasiones, estando desde hace muchos años detrás de todas las decisiones importantes relativas a la gestión y ordenamiento financiero del club. Amid Achi proclama con la libertad que le da su carácter de personaje poderoso del entorno blanquiazul, que Miguel Concepción ha invertido mucho tiempo y dinero en la institución que preside desde 2006 como para que deje el asunto en manos de cualquiera. De ahí su empeño en que Paulino Rivero, cooperador tinerfeñista en numerosas ocasiones, y personaje político integrado en ayudas vitales al club desde tiempo atrás al aterrizaje de Concepción, lidere el Tenerife en los próximos años. Rivero ya tuvo una intervención decisiva en 2006 cuando le tocó aunar voluntades –y apoyos económicos- para rescatar al club del abismo institucional en que cayó tras la fuga del Consejo de Administración de Ascanio.

Ahora, con Pier como aspirante real y sin artificios a presidir el CD Tenerife, Rivero como aspirante en la sombra que tiene la intención de ser él el que maneje la barca, Corviniano como aspirante soñador que por ahora aguarda en el banquillo, y Juan Antonio Quintero como ¿aspirante? novato atrapado por su tormenta de ideas, el escenario que se presenta para los próximos meses en la entidad es una especie de no hay cama pa tanta gente. O sí, pero deberán organizarse para poder estar todos juntos, que no revueltos. Porque me da que están condenados a entenderse bajo el amparo de los poderes fácticos de la isla que siguen opinando y mojándose hasta que no puedan –ni deban- ir más allá.

Mientras tanto, el aficionado, seguidor, abonado, accionista… sueña con subirse al tren del play-off bajo el grito de “Sí se puede”, y mira de reojo el reparto de la tarta que se hace muy por encima de la estratosfera del blanquiazul de a pie. A partir de ahí, sigo pensando que mientras en el verde las cosas funcionen, servirá de perfecto elemento de distracción para continuar con el guión establecido desde hace tiempo.