Por @juanjoramos
Se enfadaba hace unos días algún tuitero porque conté en esa red social que no todo había sido felicidad en Albacete. Mi intención no es entretenerme en el incidente, cuyos protagonistas y contenido preferí no contar para evitar el daño que podía generar al CD Tenerife en un momento tan delicado.
No se trataba de señalar sino de prevenir. Si lo cuento todo, corría el riesgo de verme inmerso en una carrera de desmentidos. Pero también de provocar dudas sobre gente que, estoy convencido, más que tener mala intención simplemente se equivocó.
Empiezo así, con estas líneas, no para remover lo sucedido, sino para explicar por qué tengo una intermitente sensación de deja vú esta temporada. Sí, parece que ya hemos vivido esto. En ocasiones porque me sitúo en la 14/15, aquella en la que se remodeló la plantilla sin tener en cuenta la línea de juego a desarrollar. Los fichajes no pegaron y se generó una separación entre lo viejo y lo nuevo que rompió al equipo, acabó con el entrenador y puso en peligro la continuidad en la categoría.
Otras veces, como si de una pesadilla se tratara, recuerdo la 10/11. Sí, la del descenso a Segunda B. Entonces, el inmovilismo del club dejó sin resolver un problema grave de convivencia en el vestuario. No se tomaron decisiones ni en la ventana del mercado de invierno y el equipo quedó condenado al abismo.
Nada de esto guarda relación directa con lo que acontece ahora. Lo creo firmemente. Pero conviene poner atención a algunos indicios para evitar que de chispa pasemos a incendio. Es el momento de recordar el bien común y situarlo por encima del individual. Es el momento de los capitanes. De dar un paso adelante para construir unidad.
No es que el grupo esté desunido. Simplemente es que, cuando no se gana todo lo que se debe, siempre hay riesgo de fractura. Es la hora también del entrenador, verdadero responsable de mantener a todos remando en la misma dirección. Tiene que abandonar la “fórmula Rajoy”, tan propia de este Tenerife, porque dejar pasar las cosas a ver si el tiempo las soluciona es el camino inverso al correcto.
Y por último es también la hora de los que toman las decisiones. Enero es el mes perfecto para imponer la ley del bien colectivo y no tirar por la borda una oportunidad histórica: la de luchar por el ascenso con un presupuesto alto y una plantilla de gran calidad.
Sé que los capitanes (Suso, Aitor y cía), el entrenador, el director deportivo y el presidente sabrán encontrar el camino. Los resultados, si son buenos, harán el resto y nos conducirán a la vía de la unidad y el ascenso.
P.D. De fichajes escribo otro día.