Skip to main content Scroll Top

Déjà vú (18-11-14)

Por @beatrizpalmero

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y yo siempre he creído que el dicho no es del todo cierto porque la experiencia me dice que no es que tropiece dos veces, lo hace tres y cuatro y… En fin, que los animales en general tienen más facilidad para aprender con el consabido método del ensayo y error. No sé si es la edad, pero últimamente todo me parece un constante déjà vú.

Y no lo digo sólo porque los goles del Llagostera parecían un calco de los dos que el Tenerife encajó ante el Valladolid, como una cruel broma del destino. Sino porque hay situaciones que parecen repetirse constantemente.

La que más me hastía es la ferocidad oscilante del entorno. Y aquí tengo que decir que odio la palabra entorno, porque es demasiado inclusiva. Y yo, como periodista, soy el entorno, y como accionista del club, también lo soy, y como observadora, más entorno. Y no me gusta ser parte de algo que, últimamente, sólo enturbia. Los resultados calman las aguas, pero en cuanto hay un tropiezo la virulencia parece salir multiplicada por el sosiego anterior. Una vez, y otra, y otra. Como si no supiéramos que todo depende de  que la pelotita entre o no, o de lo que escuchemos o dejemos de escuchar.

También me hastían ciertos argumentos, cansinos, y poco futbolísticos. Que se repiten como un mantra y se admiten como un credo. No deja de sorprenderme el poco fundamento que puede tener una opinión para que cale. Pero no soy socióloga.

Me frustra no entender a veces los planteamientos del Álvaro Cervera con el que, tengo que decir, he aprendido de fútbol más de lo que hubiera pensado en un principio. Mirando hacia atrás, quizá sea el entrenador que más me ha sorprendido y que más aspectos me ha hecho descubrir de este juego que siempre tiene algo que enseñarte. Pero a veces no le entiendo, tal vez porque nunca he formado parte de un vestuario profesional, ni he tenido a mi cargo un grupo con tanta responsabilidad. El domingo fue uno de esos días. No entendí nada. Y no es la primera vez que me pasa.

También me contraría la poca capacidad que tiene para generar empatía en sala de prensa, aunque, al mismo tiempo, admiro su particular forma de espetar su verdad, sin tapujos, sin eludir nunca una cuestión. Probablemente, como decía Concepción, no sea la persona que mejor lleva su trabajo ante los medios. Y, lamentablemente para él, ese es un hándicap mayor para el entorno (otra vez el dichoso entorno) que dejar al personal en 33 con sus alineaciones o sus disposiciones tácticas. Y también es reincidente en no hacer  ningún esfuerzo en resultar un fisco simpático. Pero al mismo tiempo lo entiendo porque, si mi trabajo es ser una buena redactora de informativos, ¿por qué tengo que sonreír cada vez que me para alguien por la calle para decir que en Televisión Canaria sólo hablamos de Las Palmas? ¿Por qué tengo que poner la otra mejilla si en Twitter me juzgan duramente sin tener siquiera una idea aproximada de cómo funciona una televisión por dentro? Pues eso.

Y miro hacia atrás y, de nuevo volveremos a tropezar en todas esas piedras. De hecho, me siento como si estuviéramos en la jornada uno otra vez y en vez de Ayoze Díaz, se habla del Ruso García, y en vez de la Ponferradina se habla de la Llagostera, y se vuelve a linchar a Cervera, y se vuelve a hablar de los que se fueron y… Por favor, inventen la máquina del tiempo a ver si alguna vez va a acabar este bucle sin fin. Me hastía.