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Defensa

Por @rondoscutillas

El Tenerife arrancó el curso con claroscuros. Rescató un punto en el descuento ante el Nástic en Tarragona (1-1) y dejó sensaciones opuestas. La primera es que los blanquiazules, sin intensidad, no son competitivos. Nada nuevo. Bastaron los primeros compases de la jornada inicial para comprobar que los isleños han sido incapaces de solventar buena parte de los problemas que arrastraron fuera de casa durante la mayor parte del último ejercicio.

Es evidente que el verano borró todos los propósitos de enmienda, pese a las lamentaciones vertidas por gran parte de la plantilla por no haber logrado el objetivo de la 17/18. Todo sigue igual. Básicamente porque el grupo incumple, de inicio, el primer mandamiento de cualquier equipo de Segunda: ser más intenso que el contrario por encima de todas las cosas.

Con ese panorama, el Nástic devoró al Tenerife a la misma velocidad que fue desnudando sus carencias defensivas. No solo las de la línea de retaguardia, la única que no se reforzó de cara a esta campaña, sino también las de la mayor parte de los que saltaron de inicio al césped del Nou Estadi. Dani Hernández sigue dando los mismos síntomas de inseguridad del pasado, a los laterales los desbordan con más facilidad de la recomendable porque apenas reciben ayudas y, por último, cualquiera que dispute un balón al espacio con los integrantes de la zaga lleva las de ganar porque, salvo Luis Pérez, los demás son muy lentos.

Hubo más cosas que me sorprendieron por el lado negativo. La más grave es la incapacidad para evitar que el contrario gane casi todas las jugadas a balón parado, sea en el área propia o en la ajena. Luego también está la nula precisión que exhibió Luis Milla en esa suerte cuando eran a favor del Tenerife. Me pregunto qué razones tendrá Etxeberria para que el encargado de llevar a cabo esa misión sea el madrileño cuando hasta el pasado curso esa responsabilidad recaía, con mejores resultados, en el hondureño Bryan Acosta.

Las bandas también fueron absolutamente inocuas. Malbasic, en la izquierda y alejado de la zona en la que puede generar algo, llevaba siempre las de perder en sus duelos individuales contra Kakabadze, uno de los mejores laterales diestros de la categoría. Mientras Suso, en la contraria, se empeñó en demostrar que cada vez es menos trascendente en este equipo. De hecho, el Tenerife obtuvo más con Borja Llarena jugando en una posición que no es la suya que cuando el capitán lo hizo en su hábitat natural.

En el lado bueno de la balanza, me quedo con las ganas de no rendirse nunca. El equipo siguió remando, ajustó cosas tras el descanso y firmó una segunda parte notable en la que, esta vez sí, fue intenso. También destacaría la capacidad para generar un flujo ofensivo constante con hasta 18 intentos de disparo a la portería contraria, lo que valió para que los blanquiazules fuesen el equipo que más buscó el gol, junto al Oviedo, en la jornada inaugural.

Termino con la irrupción de Naranjo que, pese a evidenciar que aún no está en el mejor tono físico, es un jugador muy vertical. Aporta descaro y seguro que irá a más con el paso de las jornadas. El Tenerife cerrará ahora su ‘destierro’ este domingo, donde espera el Almería y un árbitro, Díaz de Mera, que puede convertirse en un adversario adicional si repite la bochornosa actuación del pasado curso en el Heliodoro contra el Huesca. Espero que los blanquiazules salgan ilesos y, sobre todo, que mejoren sus prestaciones en intensidad y defensa.