Por @RondosCutillas
El nuevo año no nos ha regalado ninguna sorpresa. Sólo ha venido a confirmar lo que ya se sabía. El Heliodoro, inexplicablemente, sigue pitando a su técnico o a sus propios jugadores (ayer le tocó a Aridane antes de que saltase al terreno de juego). Así que si ese ambiente no cambia será muy complicado crear el escenario adecuado para algo más que no sea luchar por la permanencia. Y para eso quedan aún, como mínimo, otros 27 puntos que sumar. Esto se nos va a hacer largo, así que lo mejor será aprender a soportarnos.
El Tenerife, con sus defectos y virtudes, está consiguiendo repetir una fórmula matemática tan elemental como fácil de desactivar para sus adversarios. Es sabido que el fútbol tiene, por norma, un montón de factores que pueden incidir en un resultado. Pero lo cierto es que, en las últimas jornadas, los blanquiazules son cada vez más previsibles. A) Si el Tenerife mantiene su puerta a cero e Ifrán marca, gana; B) Si Ifrán anota, pero el equipo no consigue dejar su puerta a cero, empata; C) Si Ifrán no marca y el contrario tampoco, se empata también; D) Y si el uruguayo no está acertado y el rival sí, pues pierde. Así de simple. No hay más.
Con todo, el punto ante el Sporting es bueno por varias razones pero, fundamentalmente, porque confirma que el Tenerife es cada vez más sólido. El de hace unos meses, hubiese perdido un choque como el de ayer. El de ahora, acumula ya cuatro jornadas sin conocer la derrota. Y, sobre todo, considero que el empate no es nada malo porque el rival con el que midió sus fuerzas es mucho mejor equipo que los blanquiazules.
Hace una semana escribí aquí que los asturianos habían marcado en todas sus salidas, excepto en dos. Un dato malo para un equipo con la carencia de gol que tiene el Tenerife este curso porque, si el rival es capaz de anotar, ya pone el listón demasiado alto a la hora de conseguir una victoria. Sobre todo porque los isleños siguen con las mismas dificultades de siempre para generar fútbol y porque la velocidad de Suso y su capacidad de desborde son recursos que van menguando de forma directamente proporcional al avance del partido.
Por lo demás, el Tenerife volvió a exhibir sus virtudes habituales. Un equipo honesto, intenso, que pelea y corre sin descanso y que se aplica con mucha intensidad en la presión. Es cierto que suple con músculo la falta de talento pero, cuando no regala o comete errores de bulto, sabe ser muy incómodo para cualquier rival acostumbrado a querer la pelota, a disfrutar de los espacios o a asomarse al área con descaro, como hizo ayer el Sporting.
Con una plantilla tan descompensada como ésta y pese a todo lo malo que ha ocurrido esta temporada, prefiero quedarme con las cosas positivas. Y lo que me resulta hoy más gratificante es comprobar que, pese a las salidas de Bruno y Ayoze, la cantera sigue produciendo jugadores interesantes que son capaces de asumir el protagonismo sin complejos e incluso, en ocasiones, con nota. A estas alturas, nadie duda ya que Carlos Abad-Hernández ha sido mejor que sus predecesores de este curso en la portería. Y ayer Jorge Sáenz debutó como central con desparpajo, anticipándose al delantero para cortar el balón una y otra vez, especialmente en la primera mitad, y mostrando una predisposición natural a jugar fácil y a no complicarle la tarea ni a sus compañeros ni a él mismo.
Enero ya está aquí y para que el entusiasmo vuelva a abonarse al Heliodoro será fundamental usar el recurso del mercado invernal y, sobre todo, que Alfonso Serrano tenga mucho más criterio (y acierto) que el que usó para planificar la plantilla actual. Urge incorporar jugadores distintos, con más calidad de los que ya tenemos y que vengan con ganas de aportar cosas desde el primer entrenamiento. Esa será la única manera de enmendar los defectos actuales y potenciar las virtudes que ya se tienen.