Por @rondoscutillas
El Tenerife volvió a ganar un partido. Y eso ya es noticia en un inicio de curso que ha sido todo un infierno de resultados. La llegada de Oltra ha tenido el efecto revulsivo deseado. Los blanquiazules han sumado 4 puntos de 6 posibles tras derrotar al Cádiz (1-0) y, lo que es quizá más importante, vuelven a llenar su organismo con las proteínas de la confianza que aporta sumar de tres en tres después de haber estado más de un mes intentándolo.
Lo complicado no es llegar, sino mantenerse. Y para que el efecto champán causado por el nuevo entrenador siga vigente será necesario consolidar esas burbujas con otro buen partido en Mallorca. Si sigue la progresión actual, hay miedo a pocas cosas. Oltra, semana a semana, ha ido desprendiendo lastres que impedían que el Tenerife rodase como todos deseamos.
Primero, en Córdoba, logró que su equipo se adelantase en el marcador. Y ahora, tras la victoria ante el Cádiz, se deja también la puerta a cero después de nada menos que nueve partidos consecutivos encajando un gol como mínimo. Es cierto que aún quedan infinidad de detalles por pulir. Pero seguro que ahora, desde la tranquilidad del primer triunfo en la Liga, es más sencillo restar ansiedad al grupo y divisar un futuro algo más esperanzador y menos apocalíptico que el que existía antes de recibir al equipo dirigido por Álvaro Cervera.
Oltra ha aplicado la lógica. Si tu equipo es vulnerable en defensa, esa es la línea que más hay que reforzar. Y, pese a que a más de uno en el Heliodoro le chirríen los ojos al ver tres centrales y dos carrileros en un partido que se juega en casa, el valenciano escogió el camino más rápido para comenzar a recuperar la confianza perdida en el prólogo de esta Liga.
Además de la mayor cohesión experimentada con el cambio de dibujo, este Tenerife también repliega mucho mejor tras pérdida y es tan intenso o más que el de Etxeberria en la presión. Y, además, lo hace de manera más ordenada y está menos expuesto ante un error en la misma, al contar ahora con más elementos en retaguardia que antes.
Buena culpa del primer triunfo ante el Cádiz recae en Dani Hernández. El portero, tras un arranque tan poco seguro como el del equipo, ha firmado dos actuaciones de mérito ante Córdoba y Cádiz. Desconozco si es porque ahora se siente más protegido con el nuevo esquema o, simplemente, su mejoría obedece a que se ha reencontrado con su mejor versión y vuelve a ser aquel guardameta que propiciaba que los blanquiazules ganasen un buen puñado de puntos cuando se repasaban sus actuaciones individuales.
La semana también ha tenido otro protagonista, aunque en este caso más por su prolongada ausencia que por sus actuaciones sobre el césped. Aitor Sanz cumple ya seis meses lesionado y la entidad, de manera tardía, ha ofrecido explicaciones sobre su problema físico para anunciar que emprenderá un nuevo tratamiento con un doctor en Vitoria.
Ojalá y esta vez los resultados sean los esperados. El mediocentro madrileño era una pieza importante en el engranaje de este Tenerife y, durante todo este tiempo, casi nadie de puertas afuera ha sido consciente de cómo estaban las cosas realmente. No hablaré de asuntos médicos porque no estoy capacitado para ello. Pero sí diré que, en comunicación, la transparencia es la principal enemiga de la especulación. Y es que, cuando las cosas están meridianamente claras, casi nunca queda espacio para el debate.