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De campañas y justificaciones (20-3-14)

@juanjo_ramos

“Excusatio non petita accusatio manifesta”. Esta locución latina de origen medieval viene al caso de los nervios de una tarde de domingo, la del partido ante el Mallorca. Resulta que Andrés Chaves publica en El Día que Ayoze Pérez y su representante se reunieron en el Hotel Mencey con un señor que parecía italiano. Un servidor pide “una aclaración” y se suceden las llamadas para explicar algo que, según alguno de los protagonistas, no requería esa aclaración. ¿Entonces para qué la llamada al club pidiendo hasta un parte médico que justificara la baja del jugador? ¿Para qué la llamada de auxilio al portavoz mediático para quitar hierro a lo sucedido?

Conviene dejar claro un par de apuntes al respecto de este caso. Para empezar, no tengo ninguna duda de la implicación y la profesionalidad de Ayoze Pérez. Creo que va a seguir dándolo todo en los entrenamientos y partidos hasta que deje de ser futbolista del CD Tenerife. Su presencia en el citado recinto hotelero me importa un pimiento. No le veo chicha al asunto. Pero en una situación como la suya, al club sí debería importarle.

Mi inexistente relación con su agente no me impide ver que nos encontramos ante un jugador con un talento y unas cualidades que le pueden llevar a un grande de Europa. Tampoco que ha resultado clave su aportación para que mi equipo, y el de todos ustedes, esté ahora cerca de la salvación después de un inicio de temporada que nos hizo pensar en un rápido viaje de regreso a Segunda B.

Con la misma libertad opino que se ha inflado el interés de muchos clubes y que su anunciada marcha al Oporto me deja dudas. Quizás no es el destino que le conviene. Pero si es el que ha elegido, tiene derecho a intentarlo. Ojalá triunfe. Del mal que le acompaña, que no es precisamente futbolístico, se darán cuenta él y los suyos con el tiempo. Como le pasó al otro Ayoze. No puedo ni quiero hacer nada al respecto.

Pero lo fácil, cuando uno no tiene la conciencia tranquila, es apuntar hacia el mensajero del mensajero. Que es mi puesto en esta ocasión. Me limité a tuitear el fragmento del artículo de Chaves, con el que no tienen lo que hay que tener para meterse, y me señalaron a mí, que ni estaba en el Mencey ni vi a un señor italiano. Me limité a preguntar. A pedir una aclaración. Sin acusar. Sin señalar. Sin orquestar campañas, que además estaba por fuera del Iberostar Estadi y no me daba tiempo.

Vuelvo a los nervios del principio. A las prisas por vender al delantero. Son enormes. Por si se pasa la fecha del negocio. Como si el chico tuviera caducidad. Y esas prisas se corresponden en volumen con el cansancio que me produce hablar de un caso que ya no tiene futuro en el Tenerife. Disfrutemos del jugador un par de meses más y esperemos que tenga suerte en su nuevo destino. Los mejores deseos para él. Que de las maldiciones y las mentiras ya se encargan otros.