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Cuestión de fe

Por @CarlosElorrieta

En ocasiones no somos conscientes de los esfuerzos que se deben de hacer en la vida para poder lograr los objetivos que nos marcamos. El que les escribe desde la humildad estas líneas vivió hace unos meses una de las peores situaciones profesionales que ha tenido que superar en su vida, y lo hizo gracias al apoyo y al cariño que ha tenido a su alrededor sin apenas tomar conciencia de lo que ello conllevaba, fruto posiblemente de un camino por el que se ha discurrido durante muchos años y en el que quizás ha sido capaz de ganarse un poquito de afecto por parte del respetable.

Pero no quiero hablar de mí y sí citar este pequeño ejemplo para hacer hincapié en la remontada y victoria que el Lenovo Tenerife fue capaz de protagonizar la pasada jornada en tierras gallegas, tras haber salido horrorosamente mal. Reconozco que dije que eran los peores diez minutos que le había visto al equipo en toda la temporada y que aquello era un desastre que difícilmente iba a ser posible arreglar.

Y casi como si se tratara del mejor de los trucos de David Copperfield, el Canarias me calló la boca a mí y a todos los que firmábamos ese argumento con una demostración de sacrificio, fuerza, defensa, confianza y si me lo permiten, una buena dosis de fe. Tuvo que recurrir a ello para sumar una victoria en una pista complicada como es el Fontes do Sar y en la que Obradoiro no pensó en encontrarse con una reacción propia de un gran equipo de baloncesto como puede ser el Barcelona, el Madrid o cualquier otro del panorama del viejo continente. Eso fue lo que hicieron los nuestros sin quizás tomar conciencia de lo orgullosos que se sentían los aficionados aurinegros que en la distancia y a través de los medios que estaban a su alcance, seguían las evoluciones del milagro aurinegro en “tierra de meigas”.

No hace mucho les hablaba en esta misma columna de que los equipos que hacen deporte profesional son también grupos de personas que tienen como usted y como yo errores que cometen en su día a día y que pueden equivocarse. Al menos pienso que tienen derecho a ello como cualquiera de los mortales, pero créanme que pocos serán capaces de protagonizar una noche épica como la que firmaron los Gamble, Wiltjer, Huertas, Fitipaldo y demás jugadores. Y eso sin tener la mejor versión de un Doornekamp que parece haberse quedado en otro momento del pasado, sin aceptar que debe combatir en el presente contra todo aquello que le impide ofrecer su mejor versión.

Y todo esto sin Gio en la cancha. ¿No es para estar orgulloso de ellos? La dejo botando para que usted haga el mate correspondiente, que seguro lo hará mejor que yo.