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Crueldad autodestructiva (15-1-15)

Por @juanjo_ramos

El Tenerife está haciendo una temporada desilusionante. Quiso dar un paso competitivo adelante, arriesgó en el mercado de verano con demasiados fichajes y se equivocó. También demasiado. No es normal que, de once incorporaciones, hasta cinco puedan estar fuera del equipo en enero. Los errores en la planificación, la lesión de Ifrán en la primera jornada (y su sanción al reaparecer) o la inhabitual cantidad de errores de los porteros han hecho el resto. El equipo está lejos del play off, practica un fútbol poco vistoso y transmite la sensación de que hay demasiadas limitaciones para soñar con un objetivo ambicioso.

Dicho eso y señalados Cervera y Serrano como responsables, encuentro desproporcionada la respuesta del tinerfeñismo ante la decepción. Da la impresión de no querer escuchar, de no atender a los argumentos. Solo piensa en la venganza, en ajusticiar a los culpables.

Puede parecer una tontería que Guarrotxena sea el más votado como jugador del mes de diciembre. Si no fuera porque la afición obvió a Carlos Abad, imbatido en esos partidos. La crueldad con la que se maneja una parte del entorno la está sufriendo especialmente Aridane, máximo goleador del año del ascenso a Segunda A y autor de nueve dianas el año pasado. Al grancanario, profesional ejemplar, se le silba al entrar al campo. Estos dos ejemplos tienen un denominador común: atacar a Cervera. Da igual si por el camino sufren dos jugadores del Tenerife. El caso es atizarle al discutido entrenador.

Este jueves le ha tocado a Roberto. Que no ha estado bien esta temporada lo sabe cualquiera. Que su rendimiento del curso anterior merece más respeto, también debería saberse. Pero no. Metido en la dinámica autodestructiva, una parte del tinerfeñismo pide la titularidad del recién llegado Dani Hernández y ataca de forma burlesca al icodense.

Este es el año de las pitadas desde la segunda jornada de Liga, la beatificación de un mal profesional como Ruso García, las críticas prefabricadas y aplazadas con la racha de cuatro jornadas sin perder, pero que luego se vomitan cual bilis al caer ¡en el campo del Betis! Es también la temporada de la división, de los adjetivos grandilocuentes (lamentable, penoso, vergonzoso, catastrófico) regados con excesiva generosidad, de masacrar en las redes sociales al que no piensa igual o pedir un cambio profundo en el club sin saber si el precipicio es muy profundo. A ciegas.

El tinerfeñismo implosiona. Y sé que no son mayoría los que destruyen más que construyen. Pero hacen tanto ruido que al resto nos cuesta defender que queremos ser felices con nuestro equipo, ser críticos sin hacer sangre y confiar en una reacción. Es pecado casi.

Cuesta, pero reconozco que envidio el clima de unidad en Las Palmas. Y no me digan que el equipo está primero y juega bien. Que eso vino después. Ellos batieron récords de abonados después de una decepción mayúscula. Nosotros solo pensamos en perseguir a los culpables, acabar con ellos y luego… El vacío.

El orgullo que sentí el año pasado cuando el equipo arrancó fatal y la gente entendió que había que ponerse el mono de trabajo y ayudar se ha convertido en una profunda decepción ahora. Estamos permanentemente enfadados. Y así es difícil ser feliz y lograr éxitos. Escribo estas líneas desde la tristeza y me dispongo a abrir el paraguas para que me acusen de esconder la verdad y demás boberías de esta campaña.