Redacción Deporpress | Crónica de una salida anunciada. El relevo en la presidencia y el dibujo de la nueva estructura deportiva del club hicieron sentir incómodo a Cordero. En ese momento planteó la posibilidad de una salida amistosa. En esta situación, y ante el interés del Real Zaragoza, planteó la posibilidad de cobrar únicamente hasta el último día trabajado, sin reclamar la cantidad íntegra de su contrato, en el caso de que la llegada de los nuevos dirigentes hubiera provocado su salida.
Mientras, Miguel Concepción, entonces todavía presidente del club, pasó del entusiasmo de no solo seguir contando con Cordero hasta el final de temporada y que trabajara en este próximo mercado de invierno, sino que incluso se planteaba la posibilidad de entablar negociaciones para ampliar su vinculación. Pero desde que empezó este coqueteo con el Real Zaragoza esa ilusión se ha tornado en decepción. Por eso el Tenerife se enrocó, pidiendo el importe íntegro (unos 750.000 euros) de la cláusula de salida que existe en el contrato con Cordero.
En todo este proceso de desamor ha influido la posición en la que quedaría el ya exdirector deportivo. De ser responsable último de la confección de la plantilla, a tener como ‘jefes’ a Juan Guerrero y José Miguel Garrido, fiscalizando un trabajo que venía realizando codo con codo con Luis Miguel Ramis.
Y eso a pesar de que Concepción, el día que presentó ante los medios de comunicación cómo sería el proceso de su relevo, mantuvo que sería el mismo Cordero el que tuviera la última plantilla, pero ya ante un grupo de trabajo mayor: “Esta toma de decisiones las seguirá tomando el director deportivo, es su competencia. Sí habrá más diálogo pero es su responsabilidad y encargo confeccionar una mejor plantilla y decidir. Pero si le ayudamos desde más vertientes que puedan ayudarle, mejor. Él (Juan Carlos Cordero) tomará las decisiones, pero estará reforzado para que el equipo compita por el ascenso”, señaló hace apenas un mes, antes de que se precipitaran los acontecimientos.