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Críticos (11-12-14)

Por @juanjo_ramos

En poco más de dos semanas he escuchado o leído a Miguel Concepción, Alfonso Serrano y Álvaro Cervera asumir la responsabilidad del momentáneo fracaso tinerfeñista. Han reconocido errores en la confección de la plantilla y han aceptado que la posición en la tabla está por debajo de la expectativas. Muchos jugadores, sobre todo los que tienen peso en el vestuario, han admitido también que su rendimiento y juego no es el deseado. En definitiva, dan la razón al descontento general. Vamos, lo lógico. Todos ellos (menos el afectado), de una forma u otra, se quejan también de la excesiva virulencia de las críticas hacia el entrenador. Y de la falta de paciencia. No ahora, con 16 jornadas transcurridas, sino al inicio de la Liga. Vamos, lo lógico.

Por eso, a veces es difícil distinguir la crítica de la obsesión. En otras ocasiones, el ejemplo se te pone delante de los ojos sin necesidad de buscar. Vitolo es un jugador de la tierra, que lleva el escudo del CD Tenerife tatuado en su piel y que se siente tan blanquiazul como cualquiera de los aficionados que acudieron al Heliodoro el pasado domingo. Algunos de ellos pitaron su gesto de dedicar el 1-0 al entrenador que lo está pasando mal. Esos no son críticos con Cervera. Simplemente están obsesionados con su salida y ponen la oportunidad de mostrarle ese descontento por delante del sublime momento del gol de su equipo.

En la misma línea, el caso Juan Carlos García. Se va sin hacer ruido. No sabemos si tenía calidad para jugar en Segunda División. Aunque se puede intuir que no porque, ni ante la posibilidad de que quedara liberada la plaza extracomunitaria de Uli Dávila, se ha retrasado su salida. El fichaje fue un error y el descarte posterior, una chapuza. Pero sobre todo ha sido gasolina para los pirómanos. Él, a diferencia de Ruso García, ha mantenido una respetuoso silencio. Y eso que tiene argumentos de verdad para quejarse. Ni vino con sobrepeso ni fue indisciplinado ni tuvo oportunidades y las desaprovechó. En cambio, de él se burlaron algunos y al otro, esos mismos, le aplaudieron.

Mucho más valioso y positivo me pareció el cariño de la grada a Aitor Sanz. El aplauso, que sí fue general, supuso un reconocimiento a la labor de un jugador importantísimo para el Tenerife. Y contradice también la dureza de las críticas en estos últimos partidos (que no de la trayectoria general) teniendo en cuenta las importantes ausencias que han mermado el potencial del equipo.