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Cristo Martín (16-6-15), por @beatrizpalmero

Por @beatrizpalmero

 

Siempre me ha parecido que lo más triste de este mes son las despedidas. Es cierto que es ley de vida, unos van y otros vienen pero, inevitablemente, también se viven estos momentos con cierta melancolía, porque se marchan jugadores que ves cada semana y que, sin tener una relación estrecha, te inspiran cierto cariño, no sólo por esa convivencia entre plantilla y medios, sino también por los sentimientos que generan en uno como aficionado.

En esta última década he visto con pesar cómo se marchan muchos que sentían de verdad estos colores, aunque los llamaran mercenarios, les dijeran que no valían o le pitaran sobre el césped. Gente comprometida, sincera, que no se esconde y que va con la verdad por delante. Gente que es capaz de cogerte el teléfono y decirte que no y explicarte sus razones, sin ponerte excusas ni mostrarse huidizos. Afortunadamente han pasado muchos así por este Tenerife, y, en los últimos años, son mayoría en ese vestuario, con sus más y sus menos, sus manías, su forma de ser, más o menos abierta, pero comprometidos con lo que representan.

Uno de ellos es Cristo Martín. Un chico un poco más reservado que Suso o Vitolo, menos proclive a aparecer en los medios, con algo menos de madera de líder, pero con algo más diferente en sus botas, sin dar grandes titulares ni dar un golpe sobre la mesa, esperando su momento sin revolverse dentro del vestuario y empujando al compañero desde el banquillo cuando le tocó. Un buen chico, un buen futbolista. Le podemos achacar que, para ser mediocentro ofensivo, pisaba poco el área y chutaba poco a gol, incluso que en ese último pase le costaba elegir bien, aunque sonara música cuando al fin elegía con tino. Quizá por eso en los últimos días lo que más he escuchado es que nunca acabó de explotar. Sólo un poco más de criterio y podría ser un futbolista brillante. Porque calidad tiene de sobra.

Yo no soy director deportivo, y sólo puedo especular sobre lo que necesita el Tenerife y lo que no. Pero espero, cuanto menos, que lo que venga mejore a Cristo. Porque si no su sombra va a ser alargada, y Agné puede sufrirlo como sufrió Cervera la sombra de Ayoze Díaz. Porque Cristo es de esos chicos que, a la chita callando, deja huella, se hace querer. Incluso sin hablar demasiado. Porque, como canta Ricardo Arjona, “hay que tener presente que el estar ausente no anula el recuerdo, ni compra el olvido, ni nos borra del mapa”. Cuando la afición quiere a alguien, por muy lejos que esté, por mucho que no tengamos señales de vida, que no esté presente, nunca olvida. Así que esperemos que venga uno que acabe por dar la razón a Alfonso Serrano y a Raúl Agné. Porque en caso contrario, Cristo Martín puede ser una china muy grande en el zapato. Por mucho que el chico sea lo último en lo que quiera convertirse para el club de su vida.