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Crispación (2-9-14)

Por @beatrizpalmero

La llegada de Uli Dávila ha caído como bálsamo de aceite. No sé si el efecto del masaje durará lo suficiente, o si dentro de un par de días ya estaremos sacándole las tiras a todo lo que se hace o deja de hacer en este Club Deportivo Tenerife. El grado de crispación es tal que el sábado pasado, allí en el césped, al oír los pitos, sentí escalofríos.

Ahora venden las entrevistas de aquellos que ya no están diciendo lo mal que se sintieron tratados en el Tenerife, que han echado en falta tal y cual detalle; vende situar estas dos jornadas a continuación de las siete de la temporada anterior, como si la plantilla y el momento de la temporada fueran los mismos; vende recrearse en lo que se hace mal en este club que, no nos engañemos, existe; vende hablar de la pérdida de canariedad del equipo, como si no fuéramos los primeros que criticamos a un jugador cuando hace algo que no nos guste haya nacido donde haya nacido, y como si nos olvidáramos de que algunos no están porque no han querido, porque se les quedaba pequeño el club o porque no han sabido atarlos, que de todo un poco hay, como si fuéramos el primer club que busca dar minutos a jugadores que en casa, sin jugar tanto, se podrían estancar, y como si Cristo González y Jorge Saénz de Miera estuvieran pintados en la pared, y como si todos esos canarios no los hubiera alineado Álvaro Cervera en los últimos años. Miro a mi alrededor, y, hasta aquello que habla de ilusión, parece minimizarse ante tanta crispación. Esto parece una trinchera en la que, o estás en ella, o estás haciendo la guerra enfrente.

Yo respeto que cada uno tenga su propia opinión, que se deje llevar por este clima tenso y hasta incómodo que se fomenta, en cierta forma, desde un lado y otro y hasta desde el cielo. Pero yo prefiero vivir la ilusión, e incluso correr el riesgo de llevarme luego la decepción. Pero no me sale eso de llevar la decepción por delante, cuando quedan diez (¡diez!) meses de competición. Claro que hay cosas que se han hecho mal, claro que sorprende el fichaje y des-fichaje de Juan Carlos García o la situación de Ayoze Díaz, tanto como sorprende el constante cuestionamiento a un técnico que, aún, no ha dejado de cumplir sus objetivos, por mucho que guste más menos que más su estilo que, a fin de cuentas, hasta ahora ha funcionado.

Así que me dispongo a no decepcionarme de antemano y hasta pongo facilidades para dejarme sorprender. Me gusta la solidez de Unai Albizua junto a Carlos Ruiz, me gusta el pundonor de Iker Guarrotxena, su forma de asumir responsabilidades, me gusta la claridad de Jacobo reconociendo sus errores, el esfuerzo de Vitolo por dar todo lo que sabe que lleva dentro a su equipo de siempre. Me encanta como combina desparpajo y timidez el jovencísimo Cristo González, y como nunca perdemos la cara a un partido. Pierdo la cuenta de la cantidad de ocasiones generadas por el equipo que nunca acaban por entrar y crece la esperanza de que el viento cambie cuanto antes para que las lleve a la red. Me entusiasma la ilusión de los blanquiazules por la llegada de Uli Dávila que, por un día, parece haber apagado los ecos de la guerra.

¿O no? Oigo tambores de fondo