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Creyente

Por @rondoscutillas

El Tenerife se ha recuperado. Clausuró su mala racha sin ganar de varias jornadas ante un Lugo que vino a la isla a jugarse sus últimas opciones de entrar en el playoff y se fue con las manos vacías. El triunfo por 2-1 inicia el proceso de tejeresa red de seguridad que se fue desvaneciendo durante todo el mes de abril. Y, de paso, refuerza también las ganas de la familia blanquiazul de seguir remando, todos juntos, en las cinco jornadas que quedan para alcanzar la playa.

El objetivo, una vez que se toque tierra firme, debe ser ponerle la guinda a una temporada que ya es para enmarcar. Porque este grupo, con sus defectos y virtudes, nos ha devuelto la ilusión de luchar por cosas importantes. Y porque, durante los últimos meses, hemos vuelto a experimentar sensaciones desconocidas, ahora por fin también tangibles, desde que se salió del pozo de la Segunda B.

Por fin se divisa la orilla. Pero el camino hasta tocarla estará lleno de obstáculos. Unos más puntiagudos que otros. Pero amenazas que, en caso de impactos reiterados como los del mes pasado, torcerían el rumbo de una travesía a la que cada vez se embarca más gente.

Por eso, ahora llega el momento de recoger lo sembrado. Y, de paso, posicionarse para el futuro inmediato. ¿Hay que ser ambiciosos en El Alcoraz para ir decididamente a por los 3 puntos? ¿O es preferible tener un planteamiento más conservador que dé por bueno el hecho de puntuar en un escenario en el que aún no ha ganado ningún equipo de los que reside en la zona de playoffs?

Si yo fuese Martí apostaría por la primera opción. Dejando a un lado los premios económicos que repartirá este año la LFP por ocupar un puesto u otro en la clasificación final, jugar el playoff como tercero no es lo mismo que hacerlo como cuarto, quinto o sexto. Especialmente porque, en caso de igualdad a goles en la eliminatoria, primará el lugar que haya ocupado cada equipo para deshacer el empate. Poniendo un ejemplo práctico, el Tenerife necesitaría sumar un gol más que el Getafe, si la Liga acabase hoy, para superar a los madrileños en el playoff porque, con los mismos tantos en el global de los dos partidos, subirían los azulones.

Esta plantilla nos haceser moderadamente optimistas. Me gusta que no haya nadie imprescindible. Que el Tenerife haya sido capaz de ganar su primer partido sin el concurso de Amath N’Diaye, su máximo goleador, es solo un dato más que refleja que no hay ninguna debacle si falta alguien con peso específico. También es positivo que haya jugadores, como Aarón Ñíguez, Vitolo o Carlos Ruiz, capaces de mantener el mismo nivel actuando como titulares o saliendo desde el banquillo. Y, sobre todo, espero que Shibasaki siga creciendo semana tras semana como lo hace. Sobre todo, si logra multiplicar su influencia siendo trascendental en las inmediaciones del balcón del área y no en una banda.

Los rivales que le quedan al Tenerife por delante son de la suficiente entidad como para que, a cinco jornadas para el final, pueda pasar cualquier cosa. Pero más allá de los argumentos que aún siguen esgrimiendo los más escépticos, pesimistas y ateos, yo tengo fe en este equipo. Estoy convencido de que, en una categoría como esta Segunda, el crédito y la gloria no se regalan. Se ganan partido a partido. Y yo, cada día, soy más creyente.