Por @beatrizpalmero
Los logros importantes se consiguen cuando se aúnan muchos factores. No basta el talento por sí solo, tampoco el esfuerzo, ni tan siquiera la unión, ni el empuje de la afición. Debe conjugarse todo en los términos adecuados para que la fórmula resulte. Y ni es tan fácil encontrar el resultado como en las matemáticas ni mover fichas sobre un tablero de ajedrez es tan sencilla como parece a aquel que no lo juega, porque el trabajo del peón, siempre sacrificado, pasa desapercibido para que luego el alfil o la reina puedan lucirse dando jaque mate al rival.
Por eso es tan importante prolongar el estado de gracia que vivimos el domingo en el Heliodoro. Un ambiente un tanto artificial, provocado simplemente porque enfrente estaba el eterno rival. Ante cualquier otro equipo, la estampa habría sido otra, y al barco le habría costado más llegar a destino. Pero llegó, y lo que empezó siendo un paréntesis, acabó siendo un delirio. Y la ilusión que llegó con cierto temor se convirtió en sincera alegría.
Ahora le toca al equipo lejos de casa refrendar que va a más, porque demostrar que es un equipo solidario y que pase lo que pase defiende el escudo, eso lo lleva demostrando toda la temporada, con mayor o menor acierto, sin duda. Pero lo ha hecho. Y ahora, además, tras ganar al líder que llegaba invicto, se ha ganado un crédito que hasta ahora se le había escatimado. Quizá, una derrota nos devuelva al punto de partida, al INSERT COIN. Pero ya saben que con un poco de paciencia, volveremos a tener las vidas suficientes para seguir disfrutando.
Si no hay paciencia, no tendremos más remedio que rascarnos el bolsillo a ver si encontramos una moneda suelta. No habría mejor para alimentar esa amarga sensación de sentirse pobre. Y, sinceramente, yo prefiero esa sensación de rico que viví el domingo: un Heliodoro a rebosar de ilusión remando en la dirección adecuada para sentirse imbatible y alcanzar una victoria ya inmortal, porque nuestra memoria echará mano a menudo de ella cuando pensemos en grandes momentos. Atesorar recuerdos como esos es impagable.