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Cordura

Por @rondoscutillas

El Tenerife ha entrado en erupción. Su proceso de autodestrucción ha comenzado. Vomita a diario las dudas que genera estar un mes sin ganar en una isla tan volcánica como esta, en lo geográfico y lo futbolístico, mientras la habitual lengua de fuego de estos casos devora los últimos atisbos del proyecto más ilusionante de todos los que se habían planificado desde que la entidad blanquiazul retornó a Segunda. Sin duda, una pena.

La inesperada derrota ante la Cultural Leonesa no solo abrió una herida deportiva que nadie sabe cerrar. Ha desatado los recelos del entorno y el desinterés de una afición que se volcó en pos de un objetivo al primer síntoma de que el club había clausurado una serie de demasiados meses para olvidar. Pero la competición, y sobre todo el rendimiento futbolístico propio, han dejado al Tenerife en mitad de la escalera clasificatoria. Y, lo que es peor, con la sensación de que todos, dentro y fuera del club, damos ya el curso por acabado.

Tiraré de autocrítica porque en mi último artículo, tras caer ante el Rayo en Madrid, escribí que se había acabado el sueño. Y, aunque ahora sí que ya no hay opciones pese a que las calculadoras digan aún lo contrario, lo cierto es que el mismo Tenerife del que ahora ya no nos sirve casi nada ni nadie recibiría este viernes al Sporting a apenas tres puntos del playoff de haber ganado las citas ante el Almería y el Reus. Sin duda, para llorar.

El último párrafo tiene bastante de fútbol ficción. De cuento de la lechera y de lo que ustedes quieran interpretar. Es, lo admito, el producto de la tónica de una temporada en la que hemos estado aferrados al ‘sí se puede’ con la desesperación del quiero y no llego. El fruto de una suma de errores y concesiones. De dar demasiadas facilidades. De no haber sido competitivos lejos de la isla. Y de querer jugar a ser trapecista cuando ya no tienes red.

Esas líneas son, lo confieso, pura envidia. El resultado de haber imaginado durante muchos meses que, cuando llegase la hora de la verdad, tendríamos un mayo similar al ilusionante que vivimos en 2017. Es la rabia por el deseo, ya imposible, de ver al club de tus amores peleando por lo que todos queríamos. La impotencia de ver cómo te has ahogado en la orilla después de haber nadado meses y meses en vano. Y, sobre todo, la tristeza real de comprobar que la gloria de dar el salto a Primera se la van a jugar nueve clubes. Y ninguno de ellos es el que a todos nos gustaría.

Las últimas turbulencias han abierto la caja de las críticas. Yo también tengo las mías y, con su permiso, voy a compartirlas en las próximas líneas. Hacia una directiva que no tomó decisiones a tiempo cuando el equipo daba síntomas de estar superado por la presión de verse demasiado lejos del objetivo. Hacia el director deportivo que ha hipotecado el próximo proyecto con la continuidad de determinados jugadores a los que premió con la renovación por su rendimiento del primer trimestre de una temporada que dura nueve meses. Y, sobre todo, hacia los futbolistas que estuvieron muy por debajo del nivel que mostraron el pasado curso y que, cuando arranque la temporada que viene, tendrán un año más en las piernas.

Cierro la gaveta de los reproches con una petición a quien corresponda. No entiendo por qué el club ha abandonado a Etxeberria en el desierto de la soledad y sin cantimplora desde que enlazó tres derrotas consecutivas. Percibo que se ha puesto en marcha el mismo mecanismo de sondeos, rumores y alternativas que acabó con la etapa de Martí. Así que, lo lógico, es pensar que el técnico vasco acabe corriendo la misma suerte que el balear cuando se cierre el telón de esta Liga.

En el Tenerife están en su derecho de elegir al que consideren el mejor piloto para llevar el volante del próximo proyecto. Y yo en el de escribir que la no continuidad del entrenador actual me parece el primer gran error de la temporada 2018/19. Pase lo que pase y decidan lo que decidan, espero que alguien de la entidad se siente en la sala de prensa, más pronto que tarde, a dar las explicaciones pertinentes sobre el rumbo deportivo que va a tomar esta entidad y, por encima de todas las cosas, a ponerle a todo esto un poco de cordura.