Por @rondoscutillas
Transita diciembre directo hacia los turrones y, con él, se acaba un año futbolístico plagado de sinsabores para el Tenerife. Las alegrías se cuentan con los dedos de una mano. E incluso sobran. Porque, si lo analizamos, resulta que hubo más entrenadores y directores deportivos que partidos en los que nos hicieron felices.
Este 2020 se recordará como el del cambio del mundo que conocíamos. El de la COVID-19. Y el del confinamiento. También pasará el tiempo y, los que recordamos fechas en función de acontecimientos deportivos como Mundiales de fútbol o Juegos Olímpicos, caeremos en la cuenta, dentro de un tiempo, de que también fue el año en el que, tristemente, nos quedamos sin poder ir al Heliodoro Rodríguez López.
Ahora que por fin se acaba este 2020 maldito, mi memoria se va hasta enero. Supongo que condicionada por la noticia de que podremos ver por televisión al Tenerife en la Copa frente al Sestao. Leer algo sobre ese torneo hizo que, de inmediato, apareciese el buen recuerdo de aquel partidazo ante el Athletic. El mismo que dejó a los blanquiazules a un paso de los cuartos de final, de no ser por aquel gol en el descuento de los vascos. Y, cómo no, porque el número premiado en la lotería de los penaltis también fue el del rival y no el nuestro. Pese a la histórica oportunidad perdida, creo que fue la última vez que me sentí orgulloso con lo que había hecho este equipo porque, independientemente del resultado, me habían hecho vibrar y disfrutar.
Llegados a este punto, me pregunté por qué ya no sucede eso. Por qué resulta tan ingrato ver un partido del Tenerife. Quizá sea porque, de un tiempo a esta parte, es rara la ocasión en la que la suerte (o los dioses del fútbol si lo prefieren) se alinean con la causa. No sé qué habremos hecho para tener que revivir, año tras año, la misma película. Calcada temporada tras temporada hasta la saciedad. Ni tampoco sé cuándo cambiará esta repetitiva dinámica que impide conjugar la palabra Tenerife con el verbo ilusionar.
Conste que no hablo siquiera de grandes objetivos, como podría ser el de pelear por cosas importantes. Esa opción, una vez más, ha vuelto a esfumarse demasiado pronto para nuestra desgracia. Me refiero a algo tan normal, casi para cualquier seguidor sean cuales sean sus colores, como ver ganar a su equipo dos partidos seguidos alguna vez en la temporada.
Anda Ramis en pleno proceso de reconstrucción y, como ya le sucedió a Baraja el pasado curso en su fase inicial en el banquillo blanquiazul, la primera prioridad es la de sobrevivir al abismo. Y eso no resulta sencillo tampoco. De hecho, el Tenerife estuvo más cerca ante el Leganés de perder que de otra cosa. Pero, esta vez, no lo hizo. Así que, hasta que el mensaje del técnico cale y vengan tiempos mejores de producción futbolística, me temo que vamos a tener que conformarnos con ver a un equipo que se mantenga de pie para conseguir un resultado positivo a base de compromiso y corazón.