Que la NBA quiera copiar el modelo de la Copa del Rey de baloncesto, no es algo que se produzca por casualidad. El formato en el que se juega el torneo copero en España es envidiado por muchos países, no solo por el formato en sí, sino por la cantidad de movimiento que existe alrededor del torneo. La minicopa, una fan zone para los aficionados y múltiples actividades convierten a Málaga durante cuatro días en el centro nacional, y puede que europeo, del baloncesto.
El nivel de organización que exhibe la ACB durante esta concentración es solo comparable al de las grandes citas de ámbito mundial. Pues quédense con un detalle. Esta Copa del Rey se celebra el próximo año en Las Palmas. Sí, por el tema del Mundial. Y sí, para rentabilizar todo el dinero público invertido en el pabellón, precisamente para la cita mundialista, donde van a jugar superpontencias como Corea del Sur o Irán, entre otras.
Pero claro, a un futbolero como yo, lo metes en este ambiente cestista estos días y lo primero que me surge es la siguiente reflexión: la Copa del Rey de fútbol es un truño infumable que no hay por dónde coger. Pero, lo más triste, es que es difícil de mejorar, porque los dirigentes solo ven la Copa como un negocio en la final, mientras que todas las fases intermedias son mero trámite para ver si Barcelona y Real Madrid llegan al partido definitivo.
En el torneo del KO en su versión baloncesto, todos los partidos son importantes y se le dota al fin de semana de una importancia capital en todo su conjunto. En el fútbol, que se juegue un partido un miércoles a las 10 de la noche, que haya un Camp Nou desangelado o que ninguno de esos partidos se venda en taquilla por televisión, eso no importa. Solo queremos contribuir a la final. Y así, es muy difícil. No me extraña que equipos y aficionados pierdan interés.