Redacción Deporpress | Un gol de Germán desató la locura en el Heliodoro Rodríguez. Una celebración de play off, algo que no ocurría desde hace años, desde la primera temporada tras el retorno a Segunda División con Álvaro Cervera al frente del equipo, en el curso 2013/14.
Desde mayo de ese 2014 los blanquiazules no saboreaban lo que es ser equipo de play off, aunque habrá que esperar a que se complete la 21ª jornada, que cierra la primera vuelta, mirando dos escenarios.
Huesca y Lugo, que además juegan como locales ante Levante y Alcorcón respectivamente, podrían sacar a los tinerfeños de ese puesto de privilegio en la jornada de mañana domingo, pero mientras tanto, este grupo se merece soñar, y acostarse con ilusión; han reivindicado su fortaleza como equipo ante todas las cosas.
Ante las críticas, constructivas, muchas de ellas desde estas mismas páginas, por no saber leer los partidos (especialemente desde el banquillo), por errores individuales y colectivos que les ha privado de tener incluso una mejor puntuación o por, simplemente, falta de mayor calidad para creer en el ascenso, llegando a enjuiciar fichajes mucho antes si quiera de poder tener argumentos suficientes para realizar un análisis sesudo.
Otras críticas han sido más feroces, personales, teñidas de rabia incontenida que señalaban incluso más allá del verde, en los despachos, sin siquiera llegar a alcanzar la mitad de la competición, incluso desde antes del primer tercio.
Avisados estábamos; esta Segunda es tan igualada, tan (a veces) ramplona, e impredecible, que no bastan los nombres para construir un ascenso. Solo dos equipos, Elche y Oviedo, han conseguido derrotar al Tenerife por más de un gol de diferencia; en concreto por dos. Tres a uno ganaron los ilicitanos en un choque que no debió resolverse por esa diferencia y en el que el tercer gol llegó con dos a uno y los de Martí volcados en el empate. Y dos a cero ganó el Oviedo a los blanquaizules en otro encuentro en el que la ventaja del marcador fue mayor de lo que se vio sobre el terreno de juego. Tienen razón por tanto los futbolistas cuando insisten en que no se han sentido inferiores a nadie y en que, esta vez sí, parece que podremos mirar desde arriba, y no hacia arriba para acabar con tortículis clasificatoria.