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Voluntad

Redacción Deporpress| El Tenerife es un equipo justito. Demasiado. Es evidente que le falta calidad y que, aunque Ramis intente reunir de entrada a casi todos los jugadores que atesoran ese bien, sigue siendo insuficiente para imponerte en casa de un equipo que está en puestos de descenso.

Un vistazo a los últimos resultados del Cartagena nos mostraba que sería un adversario complicado de superar. Está decimonoveno, pero llevaba cuatro partidos sin perder. Cinco ya con el de este domingo. Los blanquiazules, en cambio, son un equipo mucho más vulnerable de lo que le gustaría a su entrenador cuando juegan fuera del Heliodoro.

Pese a ello, el técnico de los isleños realizó una apuesta de ataque juntando, por vez primera de inicio, a Valera y Shashoua. La dupla ‘Zipi y Zape’ garantizaba electricidad y desborde, aunque ninguno de los dos logró asociarse casi nunca con un Fran Sol que, otro partido más, pareció demasiado aislado. El atacante madrileño genera y juega para los demás pero, pese a ser el ‘nueve’ indiscutible, es raro que alguien le haga llegar un balón en condiciones para que pueda lucir en la definición.

Si fuese boxeo, el Tenerife habría ganado a los puntos. Tuvo las mejores ocasiones en las botas de Shashoua hasta que el Cartagena encontró la manera de protegerse del ida y vuelta en el que se convirtió, por fases, el primer acto. Cuando los locales cerraron los espacios a las conducciones del inglés y abortaron con faltas las carreras de Valera, se acabó el potencial ofensivo de los de Ramis. No había plan B porque, esta vez, se quedó sin posibilidad de arreglar el partido desde el banquillo al tener toda la carne en al asador desde el inicio.

Luego está Vada, que es el termómetro de la ofensiva blanquiazul. Si el argentino está bien, el caudal de llegadas se multiplica. Si, como este domingo no está tan preciso, el equipo lo acusa. Sin claridad. Sin último pase. Sin precisión. Solo una jugada a balón parado podía desnivelar otra de esas citas que caería para el que marcase primero. Pero esta vez el guardameta rival sacó la que tuvo Sipcic de cabeza y Carlos Ruiz tampoco pudo precisar de manera nítida en la que tuvo.

Lo peor del partido no es el resultado, insuficiente a todas luces para un equipo que, como el Tenerife, debe aspirar a algo más que la permanencia en cada temporada. Lo peor, sin duda, es la constatación, por enésima vez, de que el equipo que ha construido Juan Carlos Cordero no da para más y que el rendimiento del grueso de las incorporaciones que ha realizado el director deportivo para este curso dan justo para lo que vemos.

Por esa razón, la encrucijada de Ramis es elegir, como ante el Cartagena, si sale con todo de entrada. O si, por el contrario, es mejor dejar alguna herramienta en el banquillo con la que intentar cambiar el rumbo del encuentro. El resultado, por desgracia, suele ser el mismo. Y no da para mantener una línea de continuidad con la que superar al rival durante los 90 minutos.

Con la permanencia casi en el bolsillo, la pelota está ahora en el tejado de Cordero. El arquitecto de este proyecto debe tomar nota desde ya de los errores que ha cometido y, sobre todo, recordar de cara a la planificación de la próxima campaña que, en Segunda, no alcanza únicamente con ser generoso en el esfuerzo y poner voluntad.