Redacción Deporpress| El Tenerife ha elegido el camino más largo para intentar consolidar su permanencia en Segunda División. Defiende mejor que ataca y, ante esa evidencia, arriesga lo mínimo y suma etapas, punto a punto, en su peregrinaje hacia los 50 puntos.
Sumaron los blanquiazules su tercer partido consecutivo sin encajar goles. Un hito complicadísimo, y al alcance de muy pocos equipos, en una categoría tan competitiva como la Segunda División.
Hace bien Ramis en intentar fortalecerse en la retaguardia. Sabe que, con la portería a cero, tiene al menos una opción de ganar el partido. Porque es evidente, y hay pruebas empíricas de sobra que lo corroboran, que si encaja algún gol es poco menos que un milagro que este Tenerife conquiste los tres puntos.
El problema es que, en este deporte llamado fútbol, tampoco se puede ganar un partido si no tienes acierto ofensivo. Si no eres capaz de tirar ni una sola vez entre los tres palos en 90 minutos y si, cuando lo haces, el árbitro de turno decide anular la acción porque el portero adversario decide arrollar a un compañero en su alocada salida.
El resultado de la colisión de Lizoain contra Vivian solo dejó damnificados en las filas blanquiazules. Privó a los isleños de conseguir el triunfo en Anduva al anular el disparo de Aitor Sanz. Carlos Ruiz y Vada vieron la amarilla por protestar. Y Ramis y su segundo fueron expulsados.
Es el enésimo incidente del curso con el colectivo arbitral. Ya habíamos visto unas cuantas rarezas, con el Tenerife siempre como perjudicado, y esta vez tocó que el árbitro parase el juego cuando hay un choque entre dos jugadores del mismo equipo.
Luego está la otra cara de la moneda. La desesperación que genera comprobar otra semana más que, con los mimbres que hay, al equipo de Ramis le da para defender bien cuando no comete errores groseros. Y poco más.
Porque arriba genera poco y porque, de los que salieron en la alineación inicial, Pomares, con dos goles, suma más aciertos ante la portería contraria esta campaña que Joselu Moreno, Emmanuel Apeh, Nono y Valentín Vada juntos. En resumen, que el lateral zurdo suplente tiene más gol que dos delanteros y dos jugadores de segunda línea que aportan entre poco y nada.
El dato, tan tangible como descarnado, es sintomático y descorazonador. Sobre todo porque desnuda las carencias en la confección de la parte de arriba de una plantilla que ha dado sobradas muestras de que soñar con algo más que amarrar la permanencia es, absolutamente, una misión imposible.