Redacción Deporpress | No fue, ni de lejos, el día más brillante de un Tenerife que se sintió tremendamente incómodo sobre el irregular césped de Los Pajaritos. Tanto fue así que cuando logró el gol quiso guardarlo como un tesoro y lo acabó perdiendo en un acto de conservadurismo en el que ni siquiera paró un segundo para medir las fuerzas con el adversario y darse cuenta de que podía superarlo a poco que diera cuatro pases seguidos.
Por miedo a las transiciones, Arrasate quiso un césped lento, seco y alto. Al Tenerife le costó circular rápido ante la presión alta planteada por los sorianos y por su ya endémica escasa capacidad para ser preciso en el juego combinativo. Lógico con un vistazo a la alineación.
Así vivió, agarrado a su tradicional solidez defensiva y a expensas de un chispazo de sus hombres ofensivos. ¡Qué difícil es ser atacante en el Tenerife en días como este! Ni un solo balón en ventaja recibieron Suso, Aarón, Choco o Amath. Ellos tenían que, a muchos metros de la portería rival, fabricarse las jugadas. Lo rondó Aarón en la primera parte y hasta Amath en su única aparición digna de mención. Pero el 0-1 tardó en llegar. Cuando se produjo, Martí no escondió sus intenciones. Paso atrás y a esperar un contragolpe. Pero no puso los frutos. Quizás porque le sobrara Gaku, desconectado en un equipo sin balón, al que había puesto cinco minutos antes. O porque había dejado fuera de la convocatoria al único mediocentro de balón que tiene (Rachid). Tampoco ayudó quitando a Lozano, el único capaz de aguantar un pelotazo y hacerlo potable.
Sí, su Tenerife defendió bien y el 1-1 llegó a balón parado. Pero no fue una desgracia, sino la consecuencia de la apuesta. Fue un punto. Y no fueron tres porque la moneda esta vez salió cruz.