Redacción Deporpress| El CD Tenerife volvió a las andadas y se puso el traje de visitante este domingo para mostrar su cara B del disco y caer derrotado en Córdoba sin ningún tipo de paliativo, como en Valladolid.
Todos esperábamos otra cosa, y más teniendo en cuenta el alma que demostraron los jugadores contra el Heliodoro, sobreponiéndose a la expulsión de Suso y cediendo al final un empate que incluso pudo saber a poco.
De alma va el lema de la campaña del Tenerife este curso: “Dejarnos el Alma”. Esa fue la elección para enganchar más abonados para un curso marcado por el lastre de la decepción de quedarnos a un solo gol del ascenso el anterior.
Y alma es lo que le faltó al Tenerife en el Arcángel. En algún lugar se la habrá dejado el equipo antes del partido, viéndose desbordados por un Córdoba que mereció su triunfo. Solo era cuestión de tiempo que llegara, porque desde el principio, y salvo un par de chispazos, se vio que este Tenerife era un calco del de Pucela dos semanas antes.
No solo faltó alma…lo más importante, fútbol, es lo que brilló por su ausencia. Presión alta, desgaste sobre el rival, robar lejos de Dani Hernández, ganar las disputas, chocar, recuperar y jugar. Nada de eso vimos hoy en Córdoba.
Dentro de lo malo lo bueno es quedarse con el mea culpa entonado tanto por Martí como por los jugadores que hablaron tras el partido. Reconociendo errores es cuando se aprende a no repetirlos. Sin excusas, sin mirar hacia otros lados ni buscar otros culpables. Hoy nuestro Tenerife ha sido el menos nuestro desde hace mucho tiempo, pero volverá, porque si estamos seguros de algo es que, efectivamente, el alma se la van a dejar.