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[Contracrónica] Quince minutos y la nada

Redacción Deporpress | El CD Tenerife, beneficiado por la alocada salida de la Cultural Leonesa, marcó dos goles y creó ocasiones para otros dos en apenas un cuarto de hora. También tuvieron dos oportunidades los visitantes, hubo un penalti, dos goles anulados y un fuera de juego que no era y que pudo desembocar en un mano a mano. Con 2-0, el equipo de Rubén de la Barrera hizo lo que viene haciendo toda la temporada. Lejos de descomponerse, presión alta y posesión desde que pudo. Al descanso llegó perdiendo sí. Pero también con un 68 por ciento de posesión y una gran sensación de control de lo que sucedía en el partido.

Solo su adelantada defensa, lógica si quería jugar en pocos metros y enmarañar el centro del campo para dominarlo, y la calidad del Tenerife pusieron en duda a Jesús Sánchez. Pero su juego fue imponiéndose y las llegadas blanquiazules  se espaciaron cada vez más en el tiempo hasta casi convertirse en anecdóticas. Fue una lección magistral que, si bien no sirvió a los leoneses para llevarse punto alguno del Heliodoro por su falta de acierto, sí dejó en evidencia a un equipo que no tiene las ideas claras.

En el banquillo, Martí observaba y corregía alguna posición en medio del desconcierto reinante. Aitor Sanz miraba buscando ayuda, Vitolo corregía y los cuatro “de arriba” se convertían en meros espectadores. El vacío en el centro del campo se resolvía a base de repliegue y ayudas desde atrás. Luego, un pelotazo y vuelta a empezar. Con suerte, un error en la combinación visitante y alguna salida a la contra para respirar. Poco más. Así hasta que el entrenador blanquiazul decidió dar entrada a Alberto y adelantar la posición de Aitor Sanz. No recuperó la posesión, pero al menos sufrió menos. No era tan difícil. Cuestión de número. Cantidad cuando falta cohesión y calidad.

Habrá que confiar en que el conjunto que dirige Martí sea cada vez más conjunto y menos grupo de pollos sin cabeza. Habrá que confiar en que la necesidad de puntos haya afeado el juego insular hasta convertirlo en un sufrimiento para los más de 12.000 aficionados que acudieron al estadio. Que el tiempo cosa las costuras que ahora se le ven a un Tenerife que dista mucho de la consideración de aspirante. Porque los mismos que generaban ilusión en septiembre provocan ahora enfado o, en el mejor de los casos, bostezos dos meses más tarde.