Redacción Deporpress | Da rabia. Mucha rabia. Viajar 2.500 kilómetros cargado de ilusión por volver a ver al CD Tenerife en la élite, en una Primera División tan merecida como inesperada al principio de la temporada y comprobar que un equipo como el Getafe, confeccionado para ascender, mejor que el Tenerife seguramente, pero con una masa social que no le llega ni a los talones a los blanquiazules, pueda disfrutar de esto.
Duele ver cómo al pitar el final de un partido tan doloroso la afición azulona más que a celebrar su éxito corriera a donde estaban los nuestros para vacilarse un rato. Una afición que solo en el play off acudió, y regalándole invitaciones, a su Coliseo.
Ni un solo reproche,, al menos ahora al grupo de José Luis Martí, que se vio superado hoy por la situación como hace solo alguna semana en el Ramón de Carranza Cuando más necesaria era ver la mejor versión del Tenerife, más se perdió en errores. Y da rabia, mucha rabia, porque casi siempre fueron errores propios más que forzados por el rival.
Pero hay que pensar que esto puede ser la semilla de algo grande, algo que está creciendo. Con el dolor de la eliminación, con la terrible pena de que solo por un gol no metido el Tenerife no es ya mismo de Primera División, no podemos cegarnos y no creer que es posible, que todavía sigue siendo posible un sueño del que no vamos a despertar, en el que seguimos creyendo, sobre todo después de una temporada de sobresaliente y con la sensación de que, solo con un par de retoques acertados, el sueño se acabará celebrando.