Redacción Deporpress | Sí. Crisis. Así hay que calificarla porque se sale antes llamando a las cosas por su nombre que disfrazando el problema. Puede que el árbitro dejara de señalar un penalti de Biel Ribas sobre Choco y puede también que el equipo acusara la baja de sus dos mejores futbolistas (Amath y Aitor Sanz). Pero no se puede tapar el sol con un dedo: este Tenerife no es el que era hace un mes. Prueba de ello es que ya son cuatro los partidos sin ganar.
A todos los candidatos les ha sucedido algo parecido. Ayer fue el de José Luis Martí una caricatura de equipo en la primera parte sustituida tras el descanso por un quiero y no puedo. Al menos se mejoró en actitud, intensidad y posicionamiento. Algo tuvo que ver el paso atrás del decimooctavo clasificado al verse ganando. Pero de fútbol, poco o nada.
Para la esperanza queda la predisposición a dar un pase hacia adelante e intervenir en el juego ofensivo de Rachid, algo no muy frecuente en sus compañeros de demarcación. Llama a la puerta de la titularidad el franco-argelino. Y la media hora final de Gaku Shibasaki, el único que jugó con criterio. Le ayudó (algo) Tyronne. Que el equipo ha perdido frescura es un evidencia. Pero también frescura.
Hay solución. Pero ha llegado la hora de coger el toro por los cuernos, elegir una forma de jugar y apostar por un once. Se quede fuera quien se quede fuera. Los vaivenes de las últimas jornadas solo han restado confianza a los jugadores. Nadie exige al Tenerife que sea siempre el de la segunda parte del Girona en el Heliodoro. En cambio, sí se le puede exigir que lo de ayer no se repita.