Redacción Deporpress | El CD Tenerife sumó un punto en Tarragona ante el colista y con media hora de superioridad numérica. Y trae un saldo positivo a la isla porque Dani Hernández salvó dos goles cantados, uno en cada periodo. Los blanquiazules dejaron escapar una buena oportunidad para instalarse en la zona de playoff y cometieron algunos errores que, de no corregir de manera inmediata, impedirán que el equipo llegue en junio al lugar en el que todos queremos verlo.
La puesta en escena fue muy aceptable. Los blanquiazules mandaban en el terreno de juego e incluso en el marcador gracias al acierto de Cristo González, que apareció por sorpresa en el segundo palo para rematar una jugada de estrategia. El de Añaza repitió movimiento y ejecución en el segundo acto. Y las cámaras de televisión desvelaron que la decisión del colegiado de señalar fuera de juego fue más que discutible. Una pena.
Los jugadores estaban más que advertidos sobre la ilusión del rival de hoy que, con todo perdido, se tiró a tumba abierta a por el partido. Por esa razón es injustificable que haya algunos elementos que, como Aarón Ñíguez en la jugada del gol de José Carlos, hagan dejación de funciones y se inhiban de ayudar al compañero. Al centrocampista le faltó llevar pantalones en los bolsillos y sacarse las manos para aplaudir lo que el onubense le hacía a Camille con él de espectador. Permaneció quieto e impasible en el borde del área, presenciando la colección de fintas del jugador del Nástic. Y no movió un solo músculo para acudir al rescate. Si el Tenerife pierde su carácter aguerrido y solidario no es nada. Ni lo será en el futuro tampoco.
Martí también reincide en determinados errores. Quitar Cristo González y Aarón Ñíguez, los dos únicos jugadores capaces de relacionarse con el balón, es dispararse en un pie. Con el de Añaza porque no merecía ser reemplazado o, al menos, ser el primer sustituido tras el empate del Nástic. Con el ilicitano porque, con su ausencia, dejaba al Tenerife huérfano de pase y condenado a que los enlaces con la parcela ofensiva fuesen dos mediocentros que no son precisos a la hora de hacer envíos verticales y dos centrales que no tenían su día en la salida del balón. Todo esto se agravó aún más al poner a Amath en una banda, donde ya ha demostrado que se desaprovechan sus virtudes. Y apostarlo todo a jugar con la pareja ‘Choco’ Lozano-Jouini para cazar algún centro desde los costados, algo tan complicado a día de hoy por el deplorable estado de forma de ambos como que te toque el único número que juegas en la lotería.
Enero tiene que servir para traer refuerzos. Con mayúsculas. Jugadores que, de verdad, supongan un salto de calidad sobre lo que ya hay en la plantilla. La situación clasificatoria actual, afortunadamente, es esta vez para asaltar los puestos de arriba y, a diferencia de otros años, cualquiera que venga no va a subir el nivel únicamente con su presencia. Si el Tenerife no es capaz de acceder a ninguna de sus opciones prioritarias en el mercado de invierno no será capaz de conseguir su objetivo. Y si desaprovecha ocasiones para ganar como la de hoy en Tarragona y hay futbolistas que no ayudan y racanean esfuerzos, tampoco. Es la hora de arrimar el hombro y desmentir tendencias y comportamientos que amenazan con convertirse en peligrosas certezas.