Por @rondoscutillas
El equipo del Teide anda atragantado con su particular Everest. La primera victoria de la temporada es, por ahora, una cima inalcanzable para el Tenerife. Los blanquiazules siguen dando pequeños pasos en la dirección correcta, pero aún son insuficientes para sumar de tres en tres. Y ya se sabe que con vértigo e hipoxia se piensa menos y se rinde peor.
En Córdoba, por ejemplo, los isleños se pusieron por delante en el marcador por vez primera en lo que va de curso. Pero, como ocurrió ante Cádiz en Copa y Reus en Liga, encajaron en los minutos finales y eso los condenó a un nuevo empate en El Arcángel (1-1).
El estreno de José Luis Oltra deja algunas pinceladas positivas, aunque los milagros no existen en cuatro entrenamientos. El Tenerife pareció menos desordenado a la hora de ajustar la presión. De hecho, La tendencia de apretar al rival en ese arrebato continuo en el que el contrario te penaliza a la mínima que no aciertas con la decisión tomada parece ir remitiendo.
Por el lado negativo, el equipo me pareció, en cambio, demasiado atenazado. Incapaz de desplazar un balón hacia adelante con la herramienta del pase e, incluso, cuando se utilizaba el socorrido recurso del pelotazo. La novedad de jugar con tres centrales dejó al Tenerife demasiado anclado atrás e incluso los carrileros, pese a contar con mayor número de defensas a su alrededor, subieron menos que cuando se usaba la defensa de cuatro fuera de casa.
También eché de menos más atrevimiento en el primer tiempo. Especialmente porque delante estaba un Córdoba que era colista, que introdujo ocho cambios en su once inicial y que, incluso, formó como titular con el que iba a ser su cuarto portero el pasado verano. Es cierto que, tras el gol de Naranjo, el Tenerife controló mejor el partido hasta que se quedó con diez. Y, en el intercambio de golpes, Dani Hernández mantuvo al equipo ileso varias veces, Bryan Acosta perdonó el 0-2 y el epílogo volvió a ser cruel con los blanquiazules.
Está claro que la dinámica no ha cambiado. Y que, por ahora, todos son pulgas en el lomo de este famélico perro con hambre de ganar. Que el discutible penalti señalado a Alberto contra el Deportivo en el Heliodoro, y el que no pitaron sobre el propio futbolista majorero en Córdoba hubiesen supuesto 4 puntos más en condiciones normales, es un hecho. Si le sumamos el tiro de Milla al larguero en el descuento de Almería, ya serían 6 puntos más. Y, con esa cifra, el Tenerife tendría 10 puntos y estaría ahora en puestos de playoff. Son solo pequeños detalles que inclinan la balanza hacia un lado o hacia el otro. Y todo, por supuesto, con el mismo poco fútbol y los mismos errores que se han cometido en este tramo inicial de la competición.
Por esa razón, el objetivo inmediato no puede ser otro que convencer a los jugadores de que ganar un partido no es una utopía. La ansiedad por el primer triunfo no es la mejor aliada a la hora de asimilar los conceptos que aún deben asumir los futbolistas para adaptarse al nuevo sistema de Oltra. Pero ya no queda otro remedio que ser valientes. Sobre todo porque el margen de error es cada vez menor. Obtener la primera victoria del curso es, sin duda, la mejor manera de quitarle esa pesada etiqueta de encima a un Tenerife que, en Córdoba, tuvo pinta de seguir aún demasiado confundido.