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Confianza

El Tenerife ganó su segundo partido del curso ante el Mirandés de forma holgada, quizá más en el marcador (3-0) que en la realidad de lo que ambos propusieron sobre el terreno de juego. Pero lo que realmente importa es que los blanquiazules dieron una alegría a sus incondicionales después de que el Heliodoro fuese saqueado en los dos primeros partidos de la temporada. El triunfo, unido al del fin de semana anterior ante el Llagostera, saca al grupo que dirige Raúl Agné de la zona de descenso y, sobre todo, le permite encarar el próximo tramo de la competición sin la presión añadida del que camina sobre un alambre sin red.

Resulta curioso que otra vez el rival no lograse perforar la portería de Dani Hernández, que por fin vuelve a ser el que era, y que, sobre esa fortaleza defensiva, se edifiquen los triunfos. El guardameta supo mantener ileso al Tenerife al salvar un empate cantado al borde del descanso, con una buena mano junto al poste derecho tras un córner, o de que los burgaleses recortasen distancias en el tramo final, cuando los locales ya mandaban con más holgura en el marcador.

Y más de lo mismo puede decirse de Aitor Sanz, desconocido en el penúltimo partido en casa y rescatado para la causa ante el Mirandés. Carlos Ruiz mezcló bien con Alberto en el eje de la zaga, los laterales no concedieron demasiado y, luego, cuando el rival pisó la finca isleña hasta con cuatro futbolistas ofensivos (Néstor, Lago Junior, Ion Vélez y Abdón Prats), el Tenerife no cayó en la tentación de fortificarse para defender o aguantar el arreón del Mirandés siendo un frontón. Colocó a Jairo en la izquierda y la entrada del canterano aumentó la presión sobre la salida de balón y la circulación de los visitantes.

Luego, en esos diez minutos del segundo tiempo en los que el Tenerife fue superado por el adversario y se mascaba el empate, apareció la confianza y la paciencia para no precipitarse con el balón en los pies, para tocar y mover hasta desgastar al rival, para sacar petróleo del rechace de un córner para firmar el segundo a través de Aitor Sanz. O para, en una acción de tocar y tocar digna de aplauso, fabricar el tercero de una manera elaborada, con mención especial para la asistencia del propio Aitor Sanz y la definición de Anthony Lozano.

Precisamente es confianza en sí mismo lo que tiene el hondureño. Lozano marcó el primero del Tenerife con un toque sutil junto al palo, lejos del alcance del guardameta del Mirandés, haciendo buena la asistencia de Suso. Y convirtió el segundo de su cuenta particular en un ‘uno contra uno’ en el que definió con clase y tranquilidad. La reválida ahora es saber cómo afrontarán los isleños el periodo en el que el ‘nueve’ descubierto por Alfonso Serrano estará lejos de la isla para jugar el preolímpico con su selección nacional.

Ante la duda de cómo resolverá Agné esa cuestión el próximo fin de semana, prefiero quedarme estos días con la alegría de comprobar que los blanquiazules son el segundo equipo más goleador de la categoría, después del Numancia, y ya han dejado de ser la escuadra más goleada. Ahora es cuestión de seguir sembrando, de no conceder facilidades a un Almería que llegará con más urgencias que el Tenerife y de que la confianza exhibida a pinceladas en las últimas semanas siga creciendo y multiplicándose.