Redacción Deporpress | Hay momentos en la vida en los que necesitas creer en lo que estás haciendo. Aunque sepas que es lo correcto y tengas la conciencia tranquila porque, dentro de tí, eres consciente de que estás dando lo mejor de tí mismo. Ese estímulo no es ajeno tampoco al mundo del deporte. Y se llama resultados. Son el termómetro que lo mide todo y, normalmente, también son el valor al que nos aferramos todos –sean profesionales, aficionados o periodistas– para bendecir una cosa o rechazarla.
Los triunfos, como el de este domingo en El Sardinero, contienen altas dosis de ese refuerzo positivo. Para el grupo, que veía cómo no había sido capaz de ganar todavía ningún partido desde que se reanudó la competición pese a ser mejor que sus rivales. Y también en el apartado individual, otorgando a determinados futbolistas ese plus de fe en sus propias posibilidades después de muchas semanas de parón.
La victoria es oxígeno para un Tenerife que veía cómo se acercaba peligrosamente a la zona de descenso, de la que ahora vuelven a separarle 6 puntos, y que podía meterse en más problemas de los aconsejables si no lograba romper pronto con la dinámica de 1 punto sobre 6 posibles con la que había vuelto tras el parón hasta hoy.
Joselu Moreno y Dani Gómez estaban en el escaparate porque ninguno de los dos había logrado convertir ningún gol hasta la fecha de hoy. El andaluz supo sobreponerse a esa adversidad y metió, posiblemente, uno de los goles de la temporada en Segunda División, al ver adelantado a Luca Zidane y probar fortuna sin parar un rechace de la defensa cántabra desde casi el centro del campo. Luego, tras el descanso, solo el larguero impidió que el atacante celebrase otro éxito en un cabezazo que, al contrario de lo que le ocurrió contra el Málaga, fue pleno de intención.
Dani Gómez también demostró que no se rinde ante la adversidad y que el hecho de que vuelva a marcar es solo cuestión de tiempo. Lejos de bajar los brazos por el remate que se le marchó alto en la primera mitad cuando el guardameta del Racing salió de su portería a taparlo como pudo, siguió perseverando en el intento. Más pronto que tarde recibirá el premio que buscan todos los delanteros.
También sale reforzado del partido Álex Bermejo. El catalán se mostró pletórico en su primera titularidad tras la reanudación del campeonato y volvió a ser tan determinante para el Tenerife como antes de la lesión. Con él sobre el campo todo mejora. Es un desahogo para Milla a la hora de correr al contragolpe. Crea situaciones para sus compañeros como la del pase que Dani Gómez envió a las nubes o la jugada del penalti que Iglesias Villanueva rectificó tras consultar con el VAR cuando lo había pitado inicialmente. Además, anotó un gol al capturar el rechace del cabezazo de Joselu al larguero demostrando que otro de sus fuertes son las llegadas desde segundo línea para acompañar la jugada. Rubén Baraja, sabedor de los problemas por los que ha atravesado, decidió que fuese el primer sustituido. Una muestra de que quiere dosificarlo y que, también, sabe que es un jugador diferencial para este tramo final del campeonato.
El Tenerife, esta vez sí, fue netamente superior a su rival. No sé si el hecho de que José Luis Oltra saliese con tres centrales fue una facilidad añadida cuando el partido sonrío al Tenerife. Tampoco sé si, en el arreón final, otro equipo sin ser el colista hubiese podido empatar cuando los isleños se desinflaron en el tramo final del encuentro. Solo sé que el sufrimiento es un rasgo que define a casi todas las victorias blanquiazules. Acude puntual a su cita para poner a prueba nuestros nervios con la misma certeza de que el relámpago precede al trueno. Por eso, en un partido como el de hoy, prefiero quedarme con las buenas sensaciones. Y, sobre todo, con la esperanza de que este triunfo sea un síntoma inequívoco de que este equipo vuelve a tener confianza.