Leí este viernes la crónica de Luis Padilla en Marca sobre la rueda de prensa de Miguel Concepción donde hizo balance de sus diez años en la presidencia del Tenerife. Repasé frase por frase, palabra por palabra y he de decir que ha sido, posiblemente, la lectura periodística más aproximada al pensamiento de Concepción que he podido ojear. Padilla fue mucho más allá de una exposición de motivos. Fue capaz de analizar el trasfondo de cada frase dicha por el mandatario palmero. Un análisis perfecto de lo que verdaderamente quería decir y que se ajusta, desde mi punto de vista, a la más pura realidad.
Concepción quiere que Paulino Rivero sea el presidente del Tenerife. Sean cuales fueran las razones, para conseguir el objetivo no ha vacilado ni un solo segundo y se ha puesto manos a la obra resolviendo cualquier inconveniente que su candidatura futura pudiera plantear de cara a la luz pública. El ‘pero’ que más preocupa a todos, la famosa incompatibilidad (o no), de Rivero en caso de ser el relevo. Lo dejó caer en la rueda de prensa del jueves: Miguel Concepción encargó un informe a un experto y reconocido jurista de Canarias y este ha garantizado que el expresidente del gobierno canario es perfectamente compatible para desempeñar su cargo. El documento ni usted ni yo lo veremos aún. Cuando llegue el momento Concepción lo hará público junto con el nombre del profesional que ha redactado el informe que, dicho sea de paso, es el mismo que durante muchos años ha asesorado al Gobierno de Canarias. Por lo que Miguel tiene claro que nadie podrá rebatir a toda una voz autorizada ni el gobierno pondrá en duda a quien asesora al propio gobierno. Sería una locura.
Con ‘los pelos de la burra’ en la mano, lo único que falta es esperar a que el Tenerife se salve en Segunda para que la tranquilidad permita sacar el bando institucional. Conoceremos entonces, también, si junto a Pier y Paulino se presenta alguien más. Corviniano Clavijo es el preferido para un sector político que tiene todo el derecho del mundo, también, de expresar su opinión aunque serán finalmente los accionistas los que tomen la decisión final. Sin embargo Clavijo desestimará la oportunidad porque en su defensa hay que decir que es un profesional que se ha vestido por los pies durante toda su vida y que ni le gustan las batallas mediáticas ni se alimenta de ellas. Es más, posiblemente apoye a Paulino y ceda su parte accionarial a su proyecto.
Llegados a este punto y aunque se habla siempre del derecho de la masa social (la que está al margen de los empresarios con más acciones), a mostrar su opinión parece evidente que el 100% de esa masa social no votará lo mismo o a un solo candidato. Esto es: junto a los mayores accionistas que apoyarán a Paulino Rivero, habrá un sector de aficionados y accionistas que también lo hagan. Simple y llanamente porque les gustará más un proyecto que el otro. Y también es democrático. Un cuarto candidato atomizaría los votos y solo reforzaría al primero y favorito, ganando con mayor holgura. Miguel quiere dejar todo atado y bien atado para que Paulino ponga en marcha su plan deportivo. Que todavía no hemos escuchado pero que, como quienes deseen presentarse a ser presidente, tendrá todo el derecho y respeto del mundo a ser analizado.