Por @rondoscutillas
Cuesta un mundo sentarse delante del teclado para escribir algo que no sea el día a día. El verano no es un territorio demasiado propicio para las reflexiones. Supongo que son cosas de estar activo, laboralmente hablando, pero ‘agostado’ como acuñó en su día Job Ledesma.
La pretemporada suele ser un periodo de ilusión y caras nuevas. De ‘vender’ la moto y fijar objetivos, aunque la COVID-19 se empeñe en poner en cuarentena, por aquello de la provisionalidad, todo lo que tenga que ver con el mundo del deporte. El coronavirus es nuestro principal enemigo en el día a día. No le basta con amenazar nuestros puestos de trabajo con ERES, ERTES y otras siglas terroríficas para nuestra economía familiar. Sino que, también, ha dinamitado desde hace meses al deporte y la industria del entretenimiento asociada al mismo.
Con la preparación de los equipos aún en pañales, toca hablar de la planificación y los movimientos que ha realizado el Tenerife. La dirección deportiva, con Juan Carlos Cordero a la cabeza, ha incorporado a tres futbolistas a coste cero. Dos de ellos, Apeh y Jacobo, están todavía por hacer. Pero ambos comparten esa ambición por abrirse camino dentro del fútbol profesional. Ese camino ya lo ha recorrido Pomares, la última incorporación, que llega ahora a un club con el que espera crecer más y conseguir cosas importantes después de rondar casi el centenar de partidos de experiencia en la categoría.
El otro jugador más que contrastado, y a la espera únicamente de que se oficialice el descenso del Extremadura para que se convierta en realidad, es Gio Zarfino. El Tenerife le ha ganado la batalla a otros equipos que tenían más músculo económico a la hora de hacerse con los servicios de este cotizado mediocentro uruguayo. Y en un mundo tan voraz como el del fútbol, en el que el dinero lo es casi todo, hay que tener muchas otras virtudes y un poder de persuasión encomiable cuando se trata de convencer a un jugador de que jugar en la isla es la mejor opción posible para su futuro inmediato sin ser el que pone más monedas sobre su mesa.
La sorpresa inesperada del proyecto es Adri Herrera que, a sus 21 años, es un jugador más de futuro que de presente. El director deportivo considera que, con los números de goleador que firma cada campaña y sin realizar ningún desembolso para contratarlo, constituía una de esas oportunidades de mercado que no presentan ningún riesgo y, en cambio, pueden dar un gran beneficio. Especialmente si, con dos años de Sub23 todavía por delante, el extremeño es capaz de realizar una notable campaña en las filas del Zamora durante su estreno en la Segunda B.
Con el capítulo de salidas atascado y, presagiando que las de Naranjo, Isma López, Nahuel Leiva o Undabarrena no serán sencillas, hay otro detalle que llama la atención en la portería. Tanto Ortolá como Dani Hernández afrontarán ahora su última campaña con contrato y el club cederá a Carlos Abad, otra vez, y a Ignacio Otaño, este último ya confirmado al Tudelano, para que ambos, o quizá solo uno, puedan aspirar a formar parte de la primera plantilla blanquiazul con todas las de la ley el próximo verano.
Cordero no tiene ninguna varita mágica. Es consciente de que los recursos económicos son escasos y que la mayor inversión debe ir destinada a un delantero que, de verdad, suponga un factor diferencial. Sin eso será complicado que el Tenerife pueda dar un salto de calidad que lo ayude a llegar al sitio donde todos queremos verlo el próximo curso. Nada que reprochar, por ahora, a los ingredientes de su receta. Veremos si, esta vez, desde la directiva tienen la paciencia que faltó en otros proyectos para permitirle cocinar un equipo a fuego lento en el que, por fin, mariden la lógica y el sentido común.