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Competir

Redacción Deporpress| Se acabó la pretemporada. La próxima vez que el Tenerife cometa los errores que mostró este viernes en el derbi estival ante la UD Las Palmas no dolerá en el orgullo por perder ante el eterno rival. Pero costará puntos. Y supondrá una peligrosa vuelta al pasado que más penaliza los intereses blanquiazules en el arranque de cada campeonato.

Es cierto que los blanquiazules son aún un bloque por hacer. Que no es sencillo acoplar a las nuevas piezas y hacer que funcionen en las escasas semanas que llevan trabajando todos juntos. Y también que, por desgracia para el aficionado, parece que va a pasar más tiempo del deseable hasta que el Heliodoro no añore a Luis Pérez, Luis Milla y Dani Gómez.

Justo en esas tres demarcaciones es donde se encuentran las mayores carencias del equipo que dirige Fran Fernández. Especialmente porque al equipo le hace falta un lateral derecho que libere a Shaq Moore de las tareas defensivas porque, cuando el norteamericano va hacia arriba, casi siempre pasan cosas interesantes.

La pareja de mediocentros que forman Alberto Jiménez y Aitor Sanz es incapaz, por las características de ambos, de dar un ritmo de circulación adecuado al balón en la sala de máquinas. Y, además, sigue haciendo falta un goleador que sea capaz de afilar el ataque y que dote de más colmillo al Tenerife cuando se acerca al área enemiga.

La peor noticia del simulacro general antes del inicio de la Liga, además de la lesión nasal de Jacobo González, es la sensación de que el nuevo técnico no ha logrado implantar todavía su mensaje en el vestuario del Heliodoro. Dijo Fran Fernández que quería ver un Tenerife capaz de dar alegrías. Pero para conseguirlo deberá mejorar notablemente a balón parado. Los dos primeros goles encajados ante la UD Las Palmas descosen la idea de que este equipo es capaz de tener la tensión necesaria para contrarrestar la estrategia del rival con la pizarra y, sobre todo, siempre va a tener la intención de competir.