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Coincidencias

Por @rondoscutillas

Seguir al CD Tenerife es una bendita rutina para muchos. Una necesidad para unos cuantos más. Y, últimamente, un martirio para casi todos. Ser de este equipo es muy grande. Significa que cada fin de semana o incluso antes, si las teles y el calendario lo deciden así, tienes una cita con el club al que sigues desde niño. Y, como ya han pasado bastantes años desde entonces, conoces perfectamente sus virtudes. Y también, por desgracia, sus defectos.

Esta entidad a la que descubrí en Segunda B creció al mismo ritmo que yo me hacía mayor. Alcanzó su plenitud poco después de que pasase los 18. Y llegó más lejos de lo que nadie de los de mi generación pudo imaginar. Rozó la gloria. Y luego tocó techo. Se sobredimensionó demasiado. Murió de éxito. Resucitó. Vivió de prestado en la calle en la que a todos nos gusta residir. Y lo desahuciaron al año siguiente. Eso sí, se llevó consigo a un molesto vecino amarillo para regocijo de todo el edificio. Regresó años más tarde. Pero el fútbol ya había cambiado. Y a la temporada siguiente lo volvieron a echar de aquel paraíso. Luego tuvo un año malo. Muy malo. Y se fue al pozo. Le costó dos cursos salir de allí. Y ahora vive en una urbanización donde casi todos son iguales. Sin lujos. Con baches. En la que cuesta destacar. Y en la que otros ilustres de reciente pasado en la gloria se pegan sonoros batacazos y otros, que llegan sin hacer tanto ruido, logran un éxito tan inesperado como merecido.

Esa es la Segunda División. Una categoría donde ganar un partido cuesta un mundo. Y en la que cualquiera le gana a cualquiera. Por eso es importante minimizar errores. No dar facilidades. Y, sobre todo, no regalar nada ni hacer concesiones. El Tenerife repitió el domingo errores pretéritos. Encajó dos goles cuando aún se desperezaba y tuvo que competir contracorriente. Y, como en Elche, volvió a ahogarse en la orilla.

Hay que pasar página. Pero también convendría hacer autocrítica. Los dos últimos resultados, el empate ante el Mallorca y la derrota ante el Mirandés, obligan al Tenerife a ganar para no descolgarse de la zona deseada. Tres puntos lo separan del playoff. Curiosamente la misma distancia que tenía el año pasado, a estas alturas, con Raúl Agné en el banquillo.

Quizá les parezca prematuro y exagerado escribir ahora que estamos en un momento clave de la temporada, pero es así. Perder de vista la sexta plaza sería un peligroso regreso al pasado y un desalentador más de lo mismo en el horizonte con prácticamente otros tres cuartos del ejercicio por delante. Para que este curso no se convierta en otro quiero y no puedo hay que apretar los dientes. Y ya. Porque la estadística nos enseña que llegar a la jornada 10 a 6 puntos del playoff equivale a luchar por la permanencia y poco más.

Cuando el viento soplaba a favor reflejé en este mismo espacio semanal  que, cuando llegasen mal dadas, iban a reaparecer los de siempre. Y lo han hecho. En esta isla hay cosas que son tan previsibles como la niebla en Los Rodeos. Por eso no me sorprende que Pier haya decidido romper su silencio justo después de una derrota para recordarnos que está ahí. Y que va a seguir ahí. Su postura es tan lícita como inoportuna. No me trago que su salida a escena ahora sea fruto de la pura coincidencia. Sobre todo porque cuando el equipo enlazó tres triunfos consecutivos no lo escuché criticar a los que gobiernan la entidad. O seguir postulándose para algo que ya decidieron los accionistas en la última asamblea. Allá él si quiere seguir jugando a ser el eterno candidato, pero haría bien saliendo también, por ejemplo, después de que el Tenerife logre varias victorias seguidas.

Como lo del último párrafo no ha sido fruto de la casualidad, concluyo por esta semana con otro dato relacionado con el destino. Los malos resultados del Getafe han querido que José Luis Martí se mida este domingo al técnico contra el que debutó como entrenador del Tenerife. Bordalás, nuevo técnico de un recién descendido en apuros y con más urgencias que los isleños, entrenaba a aquel Alavés que llegaba líder a la isla y que cayó por 2-0. Espero que, en esta ocasión, suceda exactamente lo mismo y se produzca, esta vez sí, una feliz y casual coincidencia.