El CD Tenerife llega a la décima jornada del campeonato más alejado de la zona noble de la clasificación de lo que a todos nos gustaría. Ha encontrado la manera de ganar fuera de la isla, algo que lo había condenado en las últimas temporadas, pero, por otro lado, ofrece barra libre a los visitantes en el Heliodoro.
Las derrotas consecutivas ante el Oviedo y el Extremadura han vuelto a desatar el nerviosismo habitual del entorno blanquiazul. Nada nuevo para un club de extremos y acostumbrado a viajar por la geografía del todo a la nada y viceversa a la velocidad de la luz.
Fueron dos partidos en los que el Tenerife, pese a no hacer las cosas bien, pudo haber sumado dos empates. Y no lo hizo porque en casa sigue sin encontrar la efectividad que ahora sí exhibe lejos de la isla y porque en el desorden del ida y vuelta también suele terminar con consecuencias más negativas que positivas.
Estoy de acuerdo en que López Garai no gestionó de la mejor manera posible las alineaciones, especialmente porque los cambios introducidos ante el Extremadura no mejoraron nada las sensaciones que dejó el partido contra el Oviedo.
Pero también me parece absurdo estar planteando decisiones drásticas en octubre. Por primera vez en mucho tiempo el Tenerife tiene una idea. Y valorar si es buena o mala cuando aún queda por delante tres cuartas partes de una Liga larguísima me parece precipitado.
Las conclusiones extraídas en la última semana solo van a servir para generar más ansiedad en un grupo que, en estas últimas temporadas, ya ha demostrado que no rinde más en situaciones de extrema presión.
Así que la tentación de mirar lo que se avecina en cuanto a rivales en este mes y dibujar el panorama más apocalíptico posible solo es acelerar la habitual autodestrucción que ha consumido los últimos proyectos a la misma velocidad con la que todo el mundo baja los brazos y desea que se inicie otra nueva temporada.
El Tenerife se ha instalado en ese nocivo bucle desde hace tres años. Y de ahí solo se sale con equilibrio y mesura. Con más paciencia para desarrollar la apuesta que propone el cuerpo técnico actual y, sobre todo, con mucha más madurez y coherencia de la que nos ha acompañado en los últimos tiempos.