Por @juanjo_ramos
Pronto empezamos. La salida de Cristo Martín ha destapado (de nuevo) el polvorín constante que es el CD Tenerife. Para algunos, resulta que la salida de un jugador de aquí significa que el club vuelve a darle la espalda a su gente y que la anunciada política de “primero los canarios” que gritó Miguel Concepción a los cuatro vientos era mentira. En esas críticas no hay un solo atisbo de valoración futbolística. Ni una sola referencia a lo que puede aportar su continuidad. Simplemente se alude a su lugar de nacimiento y, en un ejercicio de futurología, al escaso nivel que tendrá el godo que va a sustituirlo.
Esa demagogia populista se ampara en la experiencia. En la historia. En una mirada a Gran Canaria. No se cuenta la cantidad de debutantes en una y otra orilla durante el último lustro. También da igual si hay tinerfeños que, pudiendo estar, prefirieron irse. O algunos que nunca quisieron estar. Incluso, que acumulan negativas cuando se les ofrece volver. Ellos sí tienen derecho a decir “no” (por supuesto que lo tienen), pero el Tenerife no puede elegir con libertad. Porque entonces es un club anticantera.
En estas dos semanas, se ha producido la renovación de dos tinerfeños (Ricardo León y Dani Hernández) y el retorno de cinco canteranos (Ángel Galván, Alberto, Abel, Jairo y Nano). Independientemente de que todos sigan o no en la disciplina blanquiazul allá por el mes de septiembre, son siete de la casa que entran por uno que sale. Eso, en el club anticantera. Entrando en el detalle, resulta que el lugar de Cristo no lo ocupará un godo de escaso nivel, sino un tinerfeño que se llama Jairo Izquierdo.
Sí señores, en esta tierra falta autocrítica y exigencia. Un canterano tiene que romper la puerta del primer equipo. La mejor prueba es Omar Perdomo que, con dos apariciones como titular, se ha ganado su sitio. Ha convencido. Lo ha hecho sin red. Sin mimos. Ha salido y se ha comido el mundo. Como hicieron Jorge o Carlos Abad cuando les tocó. Como han hecho, probando fuera el sabor de una cesión, los ahora retornados. Todos ellos estarán, si quieren, en el Tenerife de la próxima temporada. Y convendría plantearse si otros no están porque no quieren o porque no tienen capacidad.
El DNI no da derecho a nada. Y Cristo Martín es la prueba de ello. No porque ahora salga, sino porque regresó al club en 2012 ganándoselo a pulso en campos infames. Siendo importante en su anterior equipo. Por eso, él se va dolido. Porque le hubiera gustado seguir defendiendo los colores que ama. Pero no con rencor. Sabe que esto es fútbol. Que va más allá del Tenerife y que la vida sigue adelante. Aprendamos de un señor y un pedazo de futbolista como Cristo y no empecemos a prenderle fuego al proyecto 15-16. Seamos sensatos.
P.D. Ahora el centro de las críticas es Alfonso Serrano. Es el siguiente en la lista. Pero no se hace alusión a Raúl Agné, que es el que no ha contado con el ahora descartado, porque chocaría con la defensa a ultranza del técnico que sustituyó al Diablo. Llamativo.