Por @rondoscutillas
El CD Tenerife saluda al 2018 con la esperanza de mejorar la dinámica con la que acabó 2017. La llegada de un nuevo año, por más que solo signifique arrancar una hoja más del calendario y un ritual social en todo el planeta, trae aparejado el que casi todos hagamos nuevos propósitos. En el caso de los blanquiazules están más claros que nunca. Y pasan por ganar, ganar y ganar. Así, sin medias tintas. Ya no hay excusas ni coartadas que valgan. El playoff está ya a nada menos que 8 puntos y el ascenso directo a la sideral distancia de 11 créditos.
Ni siquiera valen los empates. Urge apagar el incendio que ha originado no ganar fuera de casa desde finales del cada vez más lejano agosto porque, de lo contrario, las llamas consumirán un proyecto que, ahora mismo y aún con toda una vuelta por delante, corre el serio riesgo de fracasar si no es capaz de cambiar el rumbo que ha trazado en las últimas jornadas.
Hay dos oportunidades para hacerlo. La primera es este domingo, en Albacete, contra un rival que no lo pone fácil en el Carlos Belmonte. La mano de Enrique Martín ha mejorado el aspecto competitivo de un equipo que inició el curso en la zona de descenso y que, por ejemplo, ha sido capaz de ganar los mismos partidos que el Tenerife (6) en el actual campeonato. Los manchegos son muy fuertes a balón parado gracias a la precisión de Néstor Susaeta. Y también cuentan con un ‘9’ que se relaciona muy bien con el gol como Roman Zozulya, un delantero que saca petróleo en los balones sueltos que originan las segundas jugadas en el área.
El otro punto de atención de la semana está en la ausencia de noticias en cuanto a los refuerzos del mercado invernal. Se sabe que llegarán, pero la primera semana de competición ya está aquí y no hay rastro de nadie. Una pena porque, si la dirección deportiva decide esperar a la última semana, igual dentro de cuatro jornadas el Tenerife está ya a años luz del playoff y entonces, salvo que las incorporaciones que se produzcan vengan en propiedad, solo servirán para ilusionarnos con lo que pudo ser y no será.
El Tenerife jugará ahora también contra un nuevo enemigo. Además de los rivales, el reloj corre en su contra. Tiene que enjugar la diferencia con sus predecesores en la clasificación en el menor margen de tiempo posible y con el agravante de que no ganó contra ninguno de ellos en la primera vuelta. En algunos casos, incluso, voltear el ‘average’ con el que fue derrotado lejos de la isla será casi una misión imposible.
Esa será su penitencia por no haber hecho los deberes. Por empatar la mayoría de los partidos en los que debía ganar y por perder en otros en los que, como mínimo, pudo empatar. A los blanquiazules ya no les queda otro remedio que pisar a fondo y acelerar hacia la recuperación de todos los valores que los convirtieron en una referencia durante el pasado campeonato. Cuanto antes vuelva a conjugar los verbos competir y ganar, antes empezará a recobrar todo lo que ha perdido en las últimas semanas.
El primer mes del año natural que empieza determinará el futuro de una entidad que, en lo deportivo, debe volver a ilusionar a sus seguidores desde este fin de semana. No hay margen para más. Sin excusas y sin coartadas. Lo contrario solo supondrá un notable incremento de la presión que se vivió en el Heliodoro contra el Cádiz cuando el marcador se puso en contra. Eso y subir una cuesta de enero muy empinada y repleta de clavos.