Por @josefelipem
Roma acogió la final de la Copa de Italia 2013/2014. Sorprendentemente, la Juventus no estaba clasificada, pues había caído en cuartos de final a manos de la Roma. Los capitalinos fueron eliminados por el Nápoles y, por su parte, la Fiorentina se deshizo del Udinese. Violetas y celestes jugarían la final en el Olímpico. Una final considera de alto riesgo.
Paradójicamente, el problema no radicaba en los aficionados fiorentinos y napolitanos, sino en el odio que estos reciben prácticamente en toda Italia. Un país muy polarizado en lo referente a las diferencias norte-sur, con unos habitantes, los sureños, que tienen que recibir en muchas ocasiones el desprecio y, casi, el racismo de muchos compatriotas del norte, se enfrentaba a una final que, por desgracia, quedaría grabado en la historia por el asesinato de Ciro Espósito.
Ciro era un seguidor napolitano que se dedicaba a lavar coches. A sus 30 años seguía viviendo en el conflictivo barrio de Scampia, controlado por la familia Di Lauro, uno de los clanes de la Camorra, y, como en tantas otras ocasiones, decidió ir a Roma a ver al equipo de sus amores. Pero allí, los radicales de Lazio y Roma siempre esperan a los napolitanos. Desde que hace décadas se rompió el hermanamiento entre seguidores romanistas y napolitanos la tensión está asegurada siempre que se cruzan. Fue durante una pelea cuando Daniele De Santis, histórico ultra de la Roma y del movimiento fascista capitalino, disparó a tres hinchas rivales. Ciro, días después, moriría por las heridas. De Santis, que acudió al juicio enfundado en el chándal de la Roma dijo que llevaba la pistola «para defender a los niños de los gitanos».
El dolor de la familia de Ciro, cuando comenzaba a ser llevado en el día a día de la mejor manera posible, se vio nuevamente sacudido cuando la Corte de Apelación de Asís rebajó la condena a De Santis de 26 a 16 años. Nadie lo entendía, diez años de rebaja dados los condicionantes. Para colmo, los abogados del ultra romanista dijeron «no estar satisfechos» pues sostenían que su cliente solo se defendió.
Antonella Leardi, madre de Ciro Espósito, comenzó a frecuentar los medios de comunicación. Quería contar la historia de su hijo, decir que todo aquello era injusto, que De Santis, con un largo historial de agresiones tanto en el ámbito de los ultras de fútbol como en el fascismo italiano, tenía la intención clara de matar a un rival, pero eso también molestó a mucha gente. Ciro Vive es el nombre de un libro que cuenta la vida del joven, es, casi, una manera de sacar fuera todo su dolor, algo que los ultras romanistas no quisieron entender.
Una temporada más tarde, cuando el Nápoles visitó a la Roma, desde la curva sud local, la que da cobijo a ultras de fútbol que no esconden su simpatía por movimientos fascistas y nazis, se mostró una pancarta en la que se leía «Hay quien llora un hijo con el dolor y la moralidad y quien hace negocio sin dignidad». Por si fuera poco, también durante el encuentro, pudo leerse en otra la frase «Daniele con nosotros».
Hace solo unos días, ultras del Nápoles regresaron a Roma para rendir homenaje a Ciro Espósito, poniendo flores en el mismo lugar en el que fue asesinado. Su madre, mientras, sigue tratando de mantener viva su memoria, intentando que nunca más se repita lo sucedido.