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Circo

Por @rondoscutillas

El Tenerife respira. Sosegado tras superar las ya endémicas turbulencias de las primeras jornadas por otro despegue sin la potencia necesaria, ha logrado estabilizar el vuelo y ahora transita por septiembre con multitud de escalas que atravesar. Un calendario muy exigente que, gracias al triunfo frente al Valladolid, se encara con otro ánimo. Para los que duden que el fútbol son resultados imagínense visitar un feudo tan complejo como el del Almería con apenas uno o dos puntos a hacerlo con los cuatro actuales. Hay mucha diferencia, ¿verdad?

El incendio de la urgencia por conseguir la primera victoria parece, de entrada, estabilizado. Las llamas de las primeras tres semanas no afectaron seriamente al proyecto por mucho que algunos, interesadamente, ejercieran su habitual vocación de pirómanos desde el entorno. No se engañen. El peligro no ha desaparecido aún. Sigue ahí. Latiendo bajo el tierno manto de dos resultados positivos para desatar su particular infierno desde que las cosas vuelvan a torcerse.

Del choque del sábado pasado hay varias lecturas que hacer. Lo mejor fue que el Tenerife fue capaz de ganar pese a ser sometido por su rival durante el primer tercio del partido y que, a diferencia de lo que suele ser norma en el Heliodoro cuando los locales dominan el marcador, el encuentro terminó más cerca del área ajena que de la propia. Esa, sin duda, es una virtud a cuidar. Funcionó la estrategia a balón parado, una herramienta de lo más útil cuando tu potencial ofensivo está aún por descubrir, y sirvió para premiar a uno de los pilares del eje que más se lo merecen como Carlos Ruiz. Sería injusto no resaltar también que Dani Hernández, con una soberbia parada en el primer tiempo, mantuvo a su equipo ileso en el partido.

Se ha hablado mucho de la conveniencia de mantener o no al trivote usado por Martí. Y, de manera personal, me convence más que el binomio formado por Aitor Sanz y Vitolo. Ambos suponen una pareja muy poderosa para presionar al rival. El primero es capaz de salir a robar muy arriba gracias a su gran despliegue físico cuando juega más liberado. E incluso se le ve disfrutar con esa labor. El tinerfeño es básico a la hora de cubrir espacios y coser, con su multiplicación en las ayudas, los rotos que el rival va haciendo con su juego entre líneas.

Luego queda la parte de qué hacer con el balón cuando lo tienes. Especialmente cuando se trata de iniciar la jugada desde tu portería. Y ahí es donde aparece Marc Crosas como una bisagra muy útil al situarse por delante de la defensa. Hace más sólida la salida de balón y lo hace circular a una velocidad más aseada que sus compañeros. Jorge, que tiene su gran virtud en la anticipación, sufre bastante cuando le toca sacar la pelota jugada, como ante el Sevilla B. O si se le presiona y tiene que retrasar a una velocidad que no es la suya, como en la jugada en la que entregó mal y tuvo que derribar a un jugador del Valladolid para evitar que se quedase solo ante Dani en una acción tan absurda como innecesaria.

Cuando el Tenerife ajuste determinadas cosas podrá seguir creciendo. Y lo mejor es que, si sigue como va, lo hará desde la tranquilidad de los resultados positivos y no desde la prisa y el miedo.  Quedan cosas por ensamblar aún, especialmente con los recién llegados. Amath hace más daño con balones jugados en ruptura al espacio que de espaldas. Aarón Ñíguez demostró tener buen pie y servir para acelerar en transiciones o para combinar y mantener la posesión con el compañero que tiene más cerca cuando se trata de arriesgar menos. Y Jouini no es torpe para la altura que tiene y mostró sacrificio y voluntad de medirse físicamente con quien sea preciso. El ‘Choco’ Lozano no tuvo su día en la definición e incluso fue egoísta al jugarse un ‘mano a mano’ demasiado lejos del área cuando el tunecino aparecía solo en el otro lado para rematar la jugada.

Pero, como dije antes, el Tenerife es aún un equipo en obras. Ahora toca visitar Almería con varios retos en el horizonte. Intentar conseguir tres triunfos consecutivos (si se cuenta el de Lugo en Copa) y ganar fuera de casa para que no se convierta en una asignatura pendiente y en el cansino lastre negativo de cada curso. Los triunfos foráneos cotizan al alza en este campeonato. Solo Reus y el líder Levante lo han hecho. Y fue en la primera jornada y por la mínima. A ver si el Tenerife es capaz de salir airoso de su envite en el estadio Juegos del Mediterráneo y se apunta a resolver este ‘más difícil todavía’ que plantea esta quinta jornada de una Segunda con más retos que un circo.