Redacción Deporpress | Cervera se convierte en el sexto hijo pródigo. Durante los últimos tiempos, el Tenerife ha apostado por los ‘regresos de hijos pródigos’. El representativo ha puesto a prueba el refrán de “segundas etapas nunca fueron buenas”, que además vivirá con la vuelta de Álvaro su sexto capítulo en la historia del club insular.
El artífice del último ascenso a Segunda División regresa a casa nueve años después. Lo hace con el firme propósito de volver a salvar al Tenerife del desastre deportivo. Ya lo consiguió en la 12/13, abandonando el pozo de la Segunda B para reinstalarse en el fútbol profesional. Ahora, tiene que repetir un reto más exigente: con déficit de puntos y aspirando a números de ascenso directo para retener la plaza en la categoría de plata. El mayor desafío de su carrera deportiva.
De un regreso a otro. Con peor recuero, Pepe Mel ha vuelto a marcharse por la puerta de atrás. “Está claro que el Tenerife y yo no nos entendemos muy bien. He estado dos veces aquí y las dos veces me ha ido mal. Ha sido el borrón de mi carrera seguramente”, declaró en su última comparecencia como entrenador del Tenerife.
El conjunto insular le dio la oportunidad de su vida hace 23 años, cuando le entregaba el reto de la permanencia en Primera División. La unión duró 26 jornadas hasta que fue destituido, siendo reemplazado por Javier Clemente. El Tenerife era colista con 24 puntos, a cuatro de la salvación. No consiguió quedarse en la élite con la llegada del vasco.
Y en su vuelta en 2024, con una experiencia dilatada en los banquillos, el experimento fue fallido. Los partidos ante Cartagena, Zaragoza, Racing de Ferrol o Mirandés ejercieron una especie de ‘efecto placebo’ que solo alargó las falsas esperanzas. Cada vez más perdido, el equipo terminó perdiendo el rumbo sobre el terreno de juego, convirtiéndose en un caramelo apetecible para sus rivales.
Tres temporadas estuvo José Luis Oltra en su primera travesía en la isla, cuyo punto álgido se vivió en la 08/09 con el último ascenso a Primera División. Con una plantilla justa para Primera, dijo adiós con el descenso en Mestalla, emprendiendo nuevos retos en su carrera. Volvió ocho años más tarde, en un escenario diferente al primero: con el Tenerife tratando de sobrevivir en el fútbol profesional. Fue cesado a cuatro jornadas del final, en detrimento de Sampedro. El equipo logró sellar su salvación.
David Amaral tuvo una triple estancia al frente de la maquinaria: en la primera, relevando a Ewald Lienen; la segunda, reemplazando a Antonio López; y la tercera y última, bajo el mandato de Miguel Concepción. Todas ellas en Segunda, aunque la última fue la más traumática, con un Tenerife que agonizaba hasta su caída a Segunda B en la 10/11.
El segundo que se atrevió a repetir fue otro ilustre del tinerfeñismo: Martín Marrero. En la campaña 86/87 fue el arquitecto del ascenso a Segunda División, aunque al curso siguiente fue destituido en la octava jornada, a pesar de que el equipo estaba fuera de peligro. Y en la 03/04 repitió misión, cogiendo el cargo tras la salida de David Amaral, aterrizando en la decimonovena jornada. El Tenerife hizo una gran segunda vuelta, escalando del 16º al 8º puesto.
El ‘doblete’ en los banquillos dentro de la centenaria historia blanquiazul fue abierto por José Iglesias Fernández ‘Joseíto’. En la 65/66 firmó un balance positivo, con más victorias que derrotas. El Tenerife volvió a llamarlo en la 81/82, reemplazando a José María Ramos en la división de bronce.